Política

Cacao en vez de coca: alianza busca transformar 25.000 familias en Colombia

Hace 5 horas

Una alianza entre la Compañía Nacional de Chocolates, el Gobierno y la Corporación Sabores de Paz busca llevar cacao a zonas golpeadas por cultivos ilícitos y beneficiar a 25.000 familias en Colombia. El plan apuesta por reemplazar economías ilegales con una cadena productiva de largo aliento.

La apuesta por cambiar coca por cacao dio un paso concreto en Colombia con la formalización de una alianza entre la Compañía Nacional de Chocolates, la Dirección de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito y la Corporación Sabores de Paz. El acuerdo, según informó El Tiempo - Política, busca impulsar la sustitución de economías ilegales en territorios afectados por el narcotráfico y abrir una ruta productiva para 25.000 familias campesinas. No es un anuncio menor: en un país donde la siembra de coca sigue siendo uno de los principales motores de violencia rural, llevar industria, compra garantizada y asistencia técnica a las zonas más golpeadas puede pesar más que cualquier discurso sobre erradicación.

La iniciativa gira alrededor del cacao como cultivo de reemplazo, una apuesta que tiene sentido no solo por su valor comercial sino por su capacidad de insertarse en cadenas formales de exportación y transformación. De acuerdo con la información divulgada por El Tiempo - Política, el acuerdo formaliza el trabajo conjunto entre el sector privado, el Estado y una organización enfocada en construir paz territorial. En la práctica, eso significa acompañamiento para los productores, mejores condiciones para comercializar, y la posibilidad de que familias que hoy sobreviven entre la ilegalidad y el abandono encuentren un ingreso estable en una economía legal. Para regiones históricamente relegadas, el mensaje es claro: la sustitución no puede depender únicamente de operativos policiales, sino de una oferta real de mercado y de presencia institucional sostenida.

Este tipo de alianzas importa porque toca uno de los puntos más sensibles de la política antidrogas en Colombia: el fracaso repetido de los modelos basados exclusivamente en la fuerza. Durante años, los planes de erradicación han dejado un saldo de promesas incumplidas, campesinos sin alternativas y territorios que terminan resembrando coca ante la ausencia del Estado. Por eso, una estrategia como Sabores de Paz solo tendrá posibilidades de sostenerse si logra resolver tres problemas de fondo: ingresos, infraestructura y seguridad. Sin vías, sin compradores y sin protección para las comunidades, cualquier transición corre el riesgo de quedarse en anuncio. Pero si el modelo funciona, podría convertirse en una referencia para otros programas de desarrollo rural y para una discusión más amplia sobre cómo reducir la dependencia de la coca desde la economía, no solo desde el castigo.

El desafío ahora no es firmar más acuerdos, sino hacer que lleguen a tierra. Las 25.000 familias mencionadas representan mucho más que una cifra: son hogares que hoy viven en zonas donde la presencia del Estado suele llegar tarde o llegar mal. Si la alianza cumple, Colombia podría estar frente a una de esas pocas políticas públicas capaces de conectar paz, empresa privada y desarrollo rural en una misma ruta. Si falla, quedará, otra vez, la evidencia de que el problema de los cultivos ilícitos no se resuelve únicamente cambiando la planta, sino cambiando las condiciones que obligan a sembrarla.

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