Melilla vive en calma, pero teme otra avalancha migratoria como la de Ceuta
Imagen: El País
Melilla vive una calma aparente tras la entrada masiva de más de 1.300 personas desde Marruecos el 30 de julio. Aunque la mayoría volvió atrás, el miedo a una nueva avalancha sigue instalado en la ciudad.
Melilla ha vuelto a la normalidad en sus calles, pero no en la cabeza de sus vecinos. La entrada de más de 1.300 personas desde Marruecos el pasado 30 de julio dejó una huella que va más allá del impacto inmediato: la sensación de que la frontera puede desbordarse en cualquier momento, como ocurrió en Ceuta, sigue latente y alimenta un miedo difícil de disipar.
Según informó El País, la mayoría de quienes cruzaron aquel día ya regresaron a Marruecos, pero el episodio dejó al descubierto la fragilidad del control fronterizo y la capacidad de generar una crisis en cuestión de horas. Para muchos melillenses, el problema no es solo lo que pasó, sino lo que podría volver a pasar. La memoria reciente de la avalancha en Ceuta, con sus imágenes de caos y saturación, convirtió aquel episodio en una advertencia inmediata: si volvió a suceder una vez, puede repetirse.
El fondo de este temor tiene que ver con algo más profundo que una simple incidencia de frontera. Melilla vive desde hace años en una tensión permanente entre la dependencia económica de la relación con Marruecos, la gestión migratoria y la sensación de vulnerabilidad institucional. Cuando se abre una brecha en el control, no solo se pone a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades; también se sacude la confianza de una población que sabe que cualquier alteración en el paso fronterizo puede afectar su vida cotidiana, desde la movilidad hasta la actividad comercial y la percepción de seguridad. En ciudades como Melilla, la frontera no es un concepto abstracto: es parte del día a día, y cualquier sobresalto se traduce en incertidumbre inmediata.
La preocupación no termina con el retorno de la mayoría de los que entraron. Al contrario, el episodio ha dejado la impresión de que la próxima crisis podría ser más difícil de contener si coincide con una nueva presión migratoria o con una respuesta más lenta de las autoridades. En ese escenario, la cuestión ya no es solo cuántas personas cruzan, sino si el sistema está preparado para impedir que una entrada masiva se convierta en un hecho consumado. Y esa es la pregunta que hoy sobrevuela Melilla: no qué pasó el 30 de julio, sino cuándo podría repetirse.




