Colombia

Casanare bajo el agua: campesinos pierden ganado y cultivos en plena alerta roja

Hace 2 horas

Las lluvias siguen golpeando con fuerza a Casanare y dejan un panorama crítico para los campesinos del departamento, que permanece en alerta roja por crecientes súbitas. En medio de la emergencia, familias rurales reportan pérdidas de ganado, cultivos y sustento.

Las inundaciones en Casanare no solo han anegado caminos y veredas: están desbaratando la economía campesina del departamento, que sigue en alerta roja por las crecientes súbitas mientras las autoridades advierten que las lluvias continuarán. En el centro de la emergencia está el testimonio de un productor rural que vio cómo el agua arrasó su finca, dejó bajo amenaza a decenas de reses y acabó con toda su cosecha, un golpe que en el campo equivale a perder meses —y a veces años— de trabajo.

Según informó El Tiempo (Colombia), el campesino relató que al menos 40 reses siguen sin aparecer después del desbordamiento y que el cultivo quedó completamente perdido. Ese tipo de afectación no es un caso aislado: en el piedemonte llanero, donde la actividad ganadera y agrícola depende de la estabilidad de los caños y del drenaje natural de los suelos, una creciente puede borrar en pocas horas la inversión de toda una temporada. La alerta roja vigente confirma que el riesgo no ha pasado, y que las lluvias persistentes siguen alimentando el peligro de nuevos desbordamientos, aislamientos y pérdidas materiales.

La situación de Casanare refleja una vulnerabilidad estructural que Colombia conoce bien, pero que suele reaparecer cada temporada de lluvias con el mismo saldo: familias rurales empobrecidas, animales muertos o desaparecidos, cultivos destruidos y vías secundarias convertidas en trampa. Lo que ocurre en este departamento no solo afecta a una finca o a una vereda; golpea la producción de alimentos, encarece la logística para sacar leche, carne o cosechas, y deja a los campesinos más expuestos a endeudarse para volver a sembrar. En un país donde el campo sigue sosteniendo buena parte del abastecimiento interno, cada emergencia de este tipo termina sintiéndose más allá de la zona inundada.

El problema es que la alerta no se limita al presente inmediato. Si las lluvias continúan, como ya han advertido las autoridades, el riesgo de nuevas crecientes puede agravar la crisis humanitaria y económica en los municipios más expuestos. Casanare vuelve a mostrar una realidad incómoda para el Estado: la de territorios rurales que enfrentan el clima extremo con infraestructura insuficiente, poca capacidad de respuesta y una protección limitada para pequeños productores. Para quienes viven de la tierra, la pregunta ya no es solo cuándo bajará el agua, sino cómo recuperarse después de que el agua se llevó casi todo.

Noticias relacionadas