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Canadá contraataca a Trump y activa aranceles recíprocos tras el fracaso de las negociaciones

Hace 3 horas
Canadá contraataca a Trump y activa aranceles recíprocos tras el fracaso de las negociaciones

Imagen: BBC Mundo

Canadá respondió con aranceles equivalentes a una nueva ofensiva comercial de Estados Unidos, luego de que fracasaran a última hora las negociaciones con el gobierno de Donald Trump. La medida golpea importaciones canadienses por 20.000 millones de dólares y eleva el riesgo de una escalada bilateral.

Canadá decidió igualar “dólar por dólar” los nuevos aranceles impuestos por Estados Unidos, en una señal clara de que la disputa comercial con la Casa Blanca entró en una fase más dura y con costos inmediatos para ambos lados de la frontera. La decisión llega después del fracaso, casi sobre la hora, de las conversaciones entre Ottawa y el gobierno de Donald Trump, y abre la puerta a una escalada que puede encarecer productos, afectar cadenas de suministro y presionar a empresas y consumidores en los dos países.

Según informó BBC Mundo, el nuevo arancel del 50% sobre importaciones canadienses por un valor de 20.000 millones de dólares comenzó a regir tras el colapso de las negociaciones de última hora. La respuesta canadiense apunta a compensar el golpe con medidas equivalentes, una fórmula que en la práctica busca disuadir a Washington de seguir apretando el tablero comercial. El mensaje político es tan importante como el económico: el gobierno canadiense quiere dejar claro que no aceptará quedar en desventaja frente a una ofensiva que considera agresiva y unilateral.

El trasfondo es más amplio que una simple disputa por tarifas. Lo que está en juego es la relación comercial más integrada del hemisferio, con millones de empleos y una red de intercambio que sostiene sectores enteros como automotriz, energía, agricultura y manufactura. Cuando Estados Unidos sube aranceles a ese nivel, el impacto no se limita a grandes empresas: termina filtrándose en el costo final de bienes cotidianos, en la logística de pequeñas y medianas compañías y en la incertidumbre de trabajadores que dependen de exportaciones e insumos importados. En Canadá, además, la presión política interna crece porque el gobierno debe mostrar firmeza sin disparar una guerra comercial que también castigue a su propia economía.

La ruptura de las negociaciones deja una lección incómoda: en este tipo de pulso comercial, el daño suele repartirse antes de que alguien declare victoria. Si la tensión persiste, el siguiente paso podría ser una cadena de represalias más amplia, con efectos sobre precios, inversión y empleo a ambos lados de la frontera. En un escenario así, la retórica de fuerza suele sonar bien en campaña, pero en la economía real las facturas llegan rápido y, por lo general, las pagan primero las empresas más expuestas y los consumidores que tienen menos margen para absorber nuevos costos.

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