Capturan en Tibú a alias 'Pollo', señalado por el asesinato de una menor en el Catatumbo
Imagen: El Tiempo (Colombia)
La captura de alias 'Pollo' en Tibú golpea a la Estructura 33 de las disidencias de las Farc, señalada por el reclutamiento y asesinato de la menor Mónica Liseth Beltrán, de 14 años. El caso vuelve a poner bajo la lupa la violencia contra niños y el control armado en el Catatumbo.
La captura de alias 'Pollo' en Tibú representa un golpe contra la Estructura 33 de las disidencias de las Farc y, al mismo tiempo, abre una nueva ventana sobre la brutalidad con la que operan los grupos armados en el Catatumbo. El hombre es señalado por el presunto reclutamiento y asesinato de Mónica Liseth Beltrán, una menor de 14 años, un caso que ha generado indignación por la crueldad de la violencia que sigue afectando a niños y adolescentes en esa región de Norte de Santander.
De acuerdo con la información conocida, alias 'Pollo' no solo habría tenido responsabilidad en este hecho, sino que además era cabecilla de la Estructura 33, una facción disidente con fuerte presencia en la zona. Las autoridades también lo vinculan con acciones armadas y con dinámicas de desplazamiento forzado, lo que refuerza la lectura de que su captura no responde únicamente a un caso aislado, sino a una pieza clave dentro de una red que ejerce control territorial mediante intimidación, presión sobre la población civil y uso sistemático de la violencia. En territorios como Tibú, donde confluyen rutas estratégicas, economías ilegales y disputas entre grupos armados, estos mandos terminan teniendo una capacidad real para decidir sobre la vida cotidiana de comunidades enteras.
Este caso importa más allá del nombre propio del capturado. El Catatumbo lleva años atrapado en una disputa armada que ha dejado homicidios, confinamientos, reclutamiento forzado y desplazamientos masivos, con un costo humano que recae sobre todo en campesinos, líderes sociales y menores de edad. La muerte de Mónica Liseth Beltrán pone nuevamente en evidencia una de las caras más graves del conflicto: la instrumentalización de niñas y adolescentes por parte de estructuras ilegales que se aprovechan de la precariedad estatal, la pobreza y el miedo. Cada captura en esta región es relevante, pero también insuficiente si no viene acompañada de presencia institucional sostenida, protección a las familias y una estrategia real para cortar el poder armado que sigue mandando en varios corregimientos.
El reto para el Estado no es solamente judicializar a quienes aparecen en la cadena de mando. También está obligado a recuperar la confianza de comunidades que han aprendido a convivir con la amenaza, el silencio y el miedo. En lugares como Tibú, la justicia llega tarde cuando llega, y cada caso de reclutamiento o asesinato de un menor recuerda que la disputa por el territorio sigue cobrándose las vidas de quienes menos capacidad tienen para defenderse.


