Colombia

Capturan en Tibú a presunto cabecilla de la Estructura 33 y lo vinculan con ataques con drones

Hace 19 horas

El Ejército capturó en Tibú a alias ‘El Pollo’, presunto cabecilla de la Estructura 33, señalado de coordinar ataques con drones explosivos en el Catatumbo. Además, las autoridades lo vinculan con el crimen de la menor Mónica Beltrán, en una zona golpeada por la guerra.

La captura de alias ‘El Pollo’ en Tibú vuelve a poner en evidencia la escalada de violencia que vive el Catatumbo, una región donde los drones ya no son una rareza tecnológica sino una herramienta de guerra. Según informó infobae colombia, el detenido sería un cabecilla de una comisión de la Estructura 33 y estaría implicado en la coordinación de ataques con explosivos lanzados desde aeronaves no tripuladas, una práctica que marca un nuevo nivel de sofisticación criminal en un territorio históricamente disputado por grupos armados ilegales.

De acuerdo con el Ejército, la detención se produjo en medio de operativos de control en Tibú, uno de los municipios más golpeados por la confrontación entre estructuras armadas que buscan dominar corredores estratégicos para el narcotráfico y otras economías ilegales. Las autoridades sostienen que alias ‘El Pollo’ no solo tendría un papel de mando dentro de esa organización, sino que además estaría relacionado con el asesinato de la menor Mónica Beltrán, un caso que ha generado indignación por tratarse de una víctima en medio del deterioro humanitario de la zona. La captura, en ese sentido, no es solo un golpe operativo: también busca enviar un mensaje sobre la persecución judicial y militar contra quienes alimentan la violencia en el noreste del país.

Lo que ocurre en el Catatumbo importa mucho más allá de Tibú. La región se ha convertido en un laboratorio del conflicto contemporáneo en Colombia, donde la disputa territorial combina armamento convencional, presión sobre la población civil y uso de tecnología para evadir controles estatales. El empleo de drones con explosivos confirma que los grupos armados están adaptando sus métodos a un conflicto cada vez más asimétrico, mientras la población queda atrapada entre amenazas, confinamientos y asesinatos selectivos. Y cuando una menor aparece vinculada a este panorama, el mensaje es todavía más crudo: la guerra en esta zona no solo disputa territorio, también arrasa con la infancia y destruye cualquier sensación mínima de seguridad.

En términos políticos y de seguridad, la captura de alias ‘El Pollo’ puede servir como un alivio parcial, pero difícilmente resuelve el problema de fondo. Mientras la presencia estatal siga siendo intermitente y las economías ilegales mantengan su poder de reclutamiento y financiación, el Catatumbo seguirá siendo un escenario de alta volatilidad. Para los habitantes de la región, el impacto no se mide en comunicados, sino en la posibilidad —todavía lejana— de volver a vivir sin el ruido de las armas ni el zumbido de drones sobre sus casas.

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