Colombia

Carro usado en Colombia: el peritaje que puede salvarlo de un fraude

Hace 2 horas

Comprar un carro usado en Colombia puede convertirse en un problema legal si el vehículo fue robado, alterado o “gemeleado”. Las autoridades recomiendan verificarlo con un peritaje y consultas ante la DIJIN antes de cerrar el negocio.

En Colombia, comprar un carro usado ya no debería depender solo del precio, el color o el estado de la carrocería. Las autoridades están insistiendo en una advertencia básica pero decisiva: antes de firmar cualquier negocio, es necesario hacer un peritaje técnico y revisar con las entidades competentes si el vehículo fue robado, tiene alteraciones en sus documentos o incluso si está “gemeleado”, una práctica fraudulenta que sigue afectando a compradores desprevenidos.

La recomendación, según informó infobae colombia, busca cortar de raíz uno de los riesgos más costosos del mercado de segunda mano: adquirir un vehículo que luego puede ser inmovilizado, investigado o perdido por completo. El peritaje permite detectar inconsistencias en seriales, placas, motor, chasis y otros datos de identificación, mientras que la consulta ante la DIJIN ayuda a establecer si el automotor aparece con reporte de hurto o con alertas por manipulación. En otras palabras, no se trata de un trámite burocrático más, sino de una barrera mínima contra estafas que pueden terminar en procesos judiciales y pérdidas económicas importantes.

El problema no es menor. El mercado de carros usados mueve miles de transacciones al año y, justamente por su dinamismo, es terreno fértil para engaños que se aprovechan de la urgencia por comprar o de la falta de información del comprador. Un vehículo “gemeleado” puede parecer legal a simple vista, pero en realidad utiliza identidades duplicadas o alteradas para circular como si fuera otro. Esa clase de fraude no solo golpea al comprador; también alimenta redes de receptación y evasión que terminan impactando la seguridad ciudadana y la confianza en el comercio formal. Por eso el llamado de las autoridades es claro: antes de negociar, hay que verificar, comparar documentos, exigir soportes y desconfiar de ofertas demasiado convenientes.

La advertencia, en el fondo, revela una realidad incómoda del mercado automotor colombiano: todavía hay demasiada informalidad y demasiada fe ciega en la buena voluntad del vendedor. Para el ciudadano de a pie, la lección es directa. Comprar un carro usado sin revisar su origen puede salir mucho más caro que pagar una inspección previa. Y en un país donde el vehículo suele representar el ahorro de años de trabajo, el peritaje deja de ser una recomendación opcional para convertirse en una protección elemental.

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