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España acelera el giro alimentario: casi 1 de cada 10 ya cambió su consumo de carne

Hace 1 hora

Casi uno de cada diez españoles ha recortado su consumo de carne o ha abandonado por completo los productos de origen animal, según un informe citado por Infobae. La transición no responde solo al clima: también pesan el bienestar animal, la salud y una nueva forma de comprar.

Casi el 10 % de la población en España ya modificó su relación con la carne y con los alimentos de origen animal, una señal de cambio que va mucho más allá de una moda pasajera. Según el séptimo informe anual sobre consumo sostenible elaborado por ClicKoala y el grupo de investigación en psicología ambiental de la Universidad de Castilla-La Mancha, un 6,5 % de los encuestados se identifica como flexitariano y un 3,1 % como vegetariano o vegano, una cifra que confirma que el debate sobre qué comemos está entrando con fuerza en los hábitos cotidianos.

El estudio, divulgado por EFE y recogido por Infobae, pone orden en conceptos que a menudo se usan como sinónimos sin serlo. El flexitariano reduce de forma habitual la presencia de carne y otros productos animales, pero no los elimina por completo; el vegetariano prescinde de carne y pescado; y el vegano lleva esa renuncia hasta excluir también lácteos, huevos y cualquier derivado animal. El dato relevante no es solo la etiqueta, sino la consolidación de un mercado y de una sensibilidad social que ya no se explican únicamente por el precio o por la costumbre. El propio análisis subraya que la elección alimentaria no siempre nace de razones medioambientales: para muchos consumidores pesan también la defensa del bienestar animal, la salud o la búsqueda de una dieta más equilibrada.

Esa transformación ya se nota en el carrito de la compra. La proporción de personas que dice adquirir productos con el sello de bienestar animal Wellfair se duplicó en cuatro años, al pasar del 5 % en 2021 al 10 % en 2025, una evolución que revela mayor atención a cómo fueron criados, transportados y sacrificados los animales. En paralelo, el 12 % de los españoles afirma que suele comprar alimentos ecológicos y otro 18 % prioriza productos de proximidad. No son porcentajes marginales: hablan de un consumidor que empieza a premiar cadenas cortas, menor huella de transporte y producciones locales, con impacto directo en pequeños agricultores, ganaderos y comercios de barrio, precisamente los eslabones que más sufren cuando el sistema alimentario se concentra en grandes distribuidores.

El informe también introduce una advertencia incómoda: la sostenibilidad no se juega solo en el tipo de proteína que se consume, sino en lo que termina en la basura. Uno de cada cinco ciudadanos reconoce que tira frutas o verduras porque se deterioran antes de ser consumidas, y un 14 % desperdicia sobras guardadas en la nevera. Frente a ese problema, la planificación aparece como una práctica extendida y útil: el 64 % revisa la despensa antes de comprar y un 60 % va al supermercado con lista. En otras palabras, España está ensayando un cambio de fondo en su cultura alimentaria, todavía desigual y lleno de contradicciones, pero ya suficientemente visible como para obligar a la industria, al comercio y a las políticas públicas a tomar nota. Porque lo que está en juego no es solo qué se sirve en la mesa: también cómo se produce, cómo se vende y cuánta presión soporta un sistema alimentario que busca ser más sostenible sin encarecer la vida diaria de la gente.

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