Excomandante de Puebla sale libre tras condena por tortura contra Lydia Cacho

Imagen: infobae
Lázaro Francisco Cárdenas, excomandante de la Policía Judicial de Puebla, quedó en libertad tras cumplir una condena de cinco años por tortura contra la periodista Lydia Cacho. El caso, ligado a las represalias por su investigación sobre una red de explotación sexual infantil, vuelve a exhibir la lentitud de la justicia mexicana.
Lázaro Francisco Cárdenas, excomandante de la Policía Judicial de Puebla, recuperó su libertad luego de cumplir la pena de cinco años de prisión por su participación en la tortura contra la periodista Lydia Cacho. El episodio ocurrió en 2005, después de la publicación de Los demonios del Edén, la investigación periodística con la que Cacho destapó una red de pederastia que involucraba a empresarios y funcionarios, según informó Infobae.
De acuerdo con la información difundida por ese medio, la condena contra Cárdenas fue una de las pocas derivaciones penales en un caso que durante años simbolizó la colusión entre poder político, cuerpos de seguridad y violencia contra una periodista. La agresión no fue un hecho aislado: formó parte de una cadena de represalias contra Cacho tras exhibir una trama de explotación sexual infantil que comprometía a figuras con influencia en distintos niveles del poder en México.
El valor de este caso va mucho más allá de la salida de un exfuncionario de prisión. Lo que queda en evidencia es la persistente dificultad para castigar de forma integral los ataques contra periodistas en México, un país donde investigar redes criminales o vínculos entre autoridades y delitos de explotación suele tener costos personales altísimos. Para Lydia Cacho, el expediente ha representado años de litigio, presión y una lucha constante por justicia; para el sistema, una demostración incómoda de que todavía falla cuando el agresor viste uniforme o tiene respaldo institucional.
La liberación de Cárdenas reabre además una discusión de fondo: qué tan efectiva ha sido la respuesta del Estado mexicano ante la tortura cometida por agentes públicos y la violencia contra la prensa. Aunque una condena puede parecer una victoria en términos judiciales, el tiempo transcurrido desde los hechos hasta la sanción y el cumplimiento de la pena deja una impresión más amarga que reparadora. En casos como este, la justicia llega tarde, cuando el daño ya está hecho y el mensaje de impunidad ha circulado durante demasiado tiempo.




