Cae alias Cachaco, señalado por el asesinato de dos policías en Bolívar
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Las autoridades capturaron a alias ‘Cachaco’, señalado de liderar el grupo de sicarios que habría participado en el asesinato de dos policías en el sur de Bolívar. El caso golpeó a una zona donde la disputa entre bandas y la violencia armada siguen cobrando vidas.
La captura de alias ‘Cachaco’ marca un avance clave en la investigación por el asesinato de los patrulleros Edwin Agustín Feria Mercado y Belén Karina Durán Ortiz, muertos en un ataque armado ocurrido el 25 de abril de 2025 en el sur de Bolívar. Según informó El Tiempo (Colombia), el detenido es señalado como el jefe de sicarios de una peligrosa estructura criminal que operaba en la zona y que habría participado en el crimen contra los dos uniformados.
La muerte de los policías estremeció a una región donde la presencia de grupos armados ilegales, las rentas criminales y la disputa territorial siguen siendo una amenaza cotidiana. El ataque, descrito por las autoridades como un acto cobarde, no solo dejó dos familias destrozadas, sino que también evidenció la capacidad de fuego y coordinación de organizaciones que mantienen presión sobre la fuerza pública en corredores estratégicos del sur del departamento.
Este caso importa porque revela algo más profundo que una captura aislada: en Bolívar, como en otras zonas del país, la violencia contra policías suele ser parte de una estrategia de intimidación contra el Estado. Cuando una banda logra imponer miedo sobre la fuerza pública, el costo lo paga la comunidad, que queda más expuesta a extorsiones, desplazamientos y control armado. La detención de ‘Cachaco’ puede ayudar a desarticular parte de esa cadena criminal, pero también plantea una pregunta incómoda: cuántos mandos medios y redes de apoyo siguen operando mientras los grupos se reorganizan rápidamente tras cada golpe.
En regiones como el sur de Bolívar, este tipo de capturas tiene un valor simbólico y judicial, pero su verdadero impacto dependerá de si las autoridades logran avanzar sobre los financiadores, las rutas y los enlaces locales de la organización. Sin ese cerco más amplio, la caída de un jefe de sicarios puede terminar siendo solo un episodio más en una guerra silenciosa que golpea sobre todo a la población civil.




