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Robos en el Congreso peruano: Chacón pide calma y culpa a las remodelaciones

Hace 1 hora
Robos en el Congreso peruano: Chacón pide calma y culpa a las remodelaciones

Imagen: infobae

La presidenta de la Junta Preparatoria del Congreso pidió calma tras los robos reportados en el Parlamento y los vinculó a las remodelaciones en curso. Su explicación abre una pregunta incómoda: cómo se protege una institución en plena obra sin dejarla expuesta.

Los robos denunciados dentro del Congreso peruano han puesto bajo presión a la nueva conducción legislativa, pero Cecilia Chacón salió a contener la polémica con un mensaje de paciencia y relativización. Según informó Infobae, la presidenta de la Junta Preparatoria atribuyó los incidentes a la presencia de trabajadores y a las tareas de remodelación que todavía se desarrollan en distintas oficinas del Parlamento, en un intento por separar los hechos de una eventual falla estructural de seguridad.

El planteamiento de Chacón apunta a una explicación operativa: con ambientes en acondicionamiento, mayor circulación de personal externo y espacios que aún no están plenamente habilitados, los riesgos aumentan. Esa es, al menos, la lectura que intenta instalar la mesa directiva en un momento en el que cualquier incidente dentro del Legislativo no solo golpea la imagen institucional, sino que alimenta sospechas sobre control interno, supervisión de accesos y custodia de bienes públicos. En términos concretos, la discusión ya no es solo si faltaron objetos o si hubo sustracciones, sino quién responde por la seguridad mientras el Congreso funciona a medio camino entre obra y oficina.

El problema es que este tipo de episodios rara vez se limita a una contingencia menor. Cuando el Parlamento aparece asociado a robos, remodelaciones desordenadas o controles débiles, el daño político se amplifica porque la institución queda expuesta justo en el espacio donde debería dar ejemplo de orden y transparencia. En un país donde la desconfianza hacia la política es alta, cualquier señal de descontrol dentro del Congreso refuerza la percepción de que las reglas son más estrictas para la ciudadanía que para sus propias autoridades. Y eso importa, porque la seguridad institucional no es un detalle administrativo: es parte de la credibilidad democrática.

Por ahora, la respuesta oficial busca bajar la temperatura y esperar a que terminen las obras para normalizar el funcionamiento interno. Pero el episodio deja una advertencia clara: mientras duren las remodelaciones, el Congreso no solo tendrá que cuidar sus oficinas, sino también su reputación. Si la vigilancia falla en el edificio donde se supone que se legisla para todo el país, el costo político puede terminar siendo más alto que el valor de lo robado.

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