Ceuta y Melilla rechazan que la crisis migratoria ponga en duda su soberanía

Imagen: El País
Ceuta y Melilla se rebelan contra el uso de la crisis migratoria como arma política para cuestionar su pertenencia a España. Sus presidentes advierten que ese relato alimenta tensión diplomática y erosiona la seguridad en dos fronteras clave.
Los presidentes de Ceuta y Melilla han salido al paso de los intentos de convertir la presión migratoria en una discusión sobre soberanía. Su mensaje es claro: la crisis en estas dos ciudades autónomas no puede usarse como coartada para poner en duda que son territorio español, ni para reabrir un debate que, en la práctica, termina alimentando la desestabilización de la frontera sur de Europa. La postura llega en un momento especialmente sensible, cuando cada repunte migratorio vuelve a poner a estas ciudades en el centro del tablero político y diplomático entre España, Marruecos y la Unión Europea.
Según informó El País, ambos mandatarios autonómicos han rechazado que se mezcle el drama migratorio con cuestionamientos políticos sobre la soberanía de Ceuta y Melilla. Su lectura es que esa estrategia distorsiona el problema real: la presión sobre unas fronteras que soportan una tensión constante por su condición geográfica, su valor estratégico y su papel como puerta de entrada a Europa. En la práctica, los gobiernos locales insisten en que el debate debe centrarse en gestión migratoria, cooperación internacional y refuerzo de medios, no en discursos que terminan ofreciendo combustible a sectores interesados en sembrar dudas sobre el estatus de estos territorios.
El asunto importa mucho más allá de la disputa retórica. Ceuta y Melilla son dos enclaves con enorme carga histórica y diplomática, y cada crisis migratoria suele venir acompañada de una batalla narrativa sobre quién controla qué, cómo se protege la frontera y qué respuesta debe dar Madrid. Cuando la migración se usa como herramienta política, el coste lo pagan los habitantes de ambas ciudades: una sensación permanente de vulnerabilidad, más presión sobre servicios públicos y una frontera que funciona como termómetro de la relación con Marruecos. Además, en un contexto europeo donde la migración sigue siendo una de las principales fuentes de polarización, cualquier insinuación sobre la soberanía de Ceuta y Melilla puede escalar rápidamente y generar ruido en Bruselas.
Lo que dejan ver los presidentes autonómicos es que no están discutiendo solo una cuestión de protocolo o de palabras. Están tratando de blindar dos territorios que, por su historia y ubicación, se convierten una y otra vez en escenario de prueba para la política exterior española. Y también envían un aviso: si la respuesta a la migración sigue mezclándose con pulsos identitarios, el problema dejará de ser solo humanitario o fronterizo para transformarse en una crisis más profunda, con consecuencias directas para la estabilidad de España y para quienes viven en la primera línea de esa frontera.



