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China avanza en su propia maquinaria para chips y sacude la industria global

Hace 1 hora

China habría empezado a fabricar su propia maquinaria clave para producir chips, un golpe directo al dominio de ASML y a la cadena tecnológica de EE.UU. y sus aliados. La noticia disparó pérdidas en bolsa y refuerza la apuesta de Pekín por la autosuficiencia.

China dio un paso que puede alterar el equilibrio de poder en la industria global de los semiconductores: una firma con apoyo estatal en Shanghái habría comenzado a producir sus propias máquinas de litografía DUV de inmersión, equipos esenciales para fabricar chips avanzados y hasta ahora dominados por un reducido grupo de compañías extranjeras, entre ellas la neerlandesa ASML, según informó The Information y retomó la agencia EFE. Si el avance se confirma y logra escalar, Pekín estaría reduciendo una de sus dependencias más sensibles en plena guerra tecnológica con Washington.

De acuerdo con ese reporte, el fabricante chino —cuya identidad no ha sido revelada— ya estaría produciendo estas máquinas y planea entregarlas este mismo año a grandes productores locales como SMIC, Hua Hong y CXMT. La reacción no se hizo esperar en los mercados: según la prensa oficial china, ASML cayó más de 7% tras conocerse la noticia, mientras que también retrocedieron empresas estadounidenses del sector de maquinaria para chips como Applied Materials, Lam Research y KLA. El golpe bursátil alcanzó incluso a fabricantes de semiconductores como AMD y Micron, una señal de cuánto nerviosismo genera cualquier cambio en la cadena de suministro tecnológica global.

La importancia del dato va más allá del movimiento en Wall Street. En la práctica, China está tratando de cerrar la brecha que la separa de Occidente en un sector que define la competitividad industrial, militar y digital del siglo XXI. La litografía DUV es una pieza crítica en la fabricación de chips de alto rendimiento, pero la verdadera frontera tecnológica sigue siendo la EUV, todavía monopolizada por ASML y restringida para China por los controles de exportación impuestos por EE.UU. y respaldados por Países Bajos. Es decir: Pekín avanzaría en un terreno clave, pero aún no habría roto la barrera más difícil. Según las versiones citadas por medios internacionales, incluso habría prototipos de una alternativa china a la EUV, desarrollados con la participación de exingenieros de ASML, aunque ese proyecto seguiría en fase temprana.

Para el Gobierno chino, el mensaje es político además de industrial: las sanciones occidentales no solo no han frenado del todo su ambición tecnológica, sino que habrían acelerado la construcción de un ecosistema propio. Para EE.UU. y sus aliados, en cambio, el escenario confirma una paradoja incómoda: cada restricción sobre China también empuja a Pekín a invertir más, copiar más rápido y depender menos del exterior. En la práctica, la disputa por las máquinas que fabrican chips ya no es un asunto de laboratorio; es una pelea por quién controlará la economía digital, la inteligencia artificial y buena parte de la seguridad nacional en los próximos años. Y si China logra convertir este anuncio en producción masiva y confiable, el impacto no se limitará a las bolsas: tocará precios, cadenas de suministro y la arquitectura misma del poder tecnológico mundial.

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