Política

Terremoto deja pérdidas por $30 billones y golpea a cinco departamentos

Hace 6 horas

Cinco departamentos concentran las pérdidas más graves tras el terremoto, con un costo físico estimado en 30 billones de pesos. La mayor parte del golpe recaería sobre edificaciones, pero la infraestructura también quedó seriamente comprometida.

El terremoto dejó una factura preliminar que ya se mide en cifras de país: cerca de 30 billones de pesos en pérdidas físicas concentradas en cinco departamentos, según la estimación revelada por el presidente Abelardo De La Espriella y recogida por El Tiempo - Política. De ese total, 24,5 billones corresponden a daños en edificaciones y 5,5 billones a infraestructura, una distribución que muestra con claridad dónde golpeó más fuerte la emergencia y por qué la reconstrucción no será solo una tarea técnica, sino también fiscal y política.

La magnitud del cálculo ayuda a entender la dimensión real del desastre. No se trata únicamente de casas, edificios públicos o vías dañadas de manera aislada, sino de un impacto que compromete simultáneamente vivienda, comercio, movilidad y servicios básicos. Cuando las edificaciones concentran la mayor parte de las pérdidas, el problema se traduce de inmediato en familias desplazadas, empresas paralizadas y autoridades locales con menos capacidad de respuesta. Y cuando la infraestructura suma otros 5,5 billones, el golpe alcanza puentes, carreteras, redes y conexiones indispensables para que la economía vuelva a operar con normalidad.

Este tipo de estimaciones también deja ver un punto que suele quedar oculto en los primeros días de cualquier tragedia: el costo verdadero no se limita al momento del sismo, sino que se multiplica en las semanas y meses siguientes. Las cifras de reconstrucción suelen crecer a medida que avanzan los peritajes, se identifican daños estructurales y aparecen afectaciones indirectas en sectores como transporte, comercio, educación y salud. En un país con brechas históricas en planeación urbana y resiliencia territorial, una pérdida de esta magnitud obliga a preguntar no solo cuánto costará reparar, sino qué tan preparado estaba el Estado para evitar que un evento natural se convirtiera en una crisis económica de gran escala.

Para la gente común, el dato no es una abstracción contable. Significa barrios enteros que tardarán meses o años en recuperarse, pequeñas y medianas empresas que pueden no volver a abrir, y gobiernos locales presionados por una emergencia que desborda sus presupuestos. En términos políticos, la cifra también anticipa una discusión inevitable sobre quién paga la reconstrucción, cómo se distribuyen los recursos y qué controles habrá para evitar que la tragedia se convierta, además, en un nuevo foco de ineficiencia o corrupción. El terremoto ya dejó daños visibles; ahora empieza la batalla más difícil: convertir la estimación de pérdidas en un plan creíble de recuperación.

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