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Sheinbaum impulsa desaladora en Rosarito para aliviar la crisis de agua en Tijuana

Hace 1 hora
Sheinbaum impulsa desaladora en Rosarito para aliviar la crisis de agua en Tijuana

Imagen: infobae

Claudia Sheinbaum anunció la construcción de una desaladora en Playas de Rosarito, una obra de 12 mil 500 millones de pesos con la que busca aliviar la presión hídrica en Tijuana. El proyecto apunta a reforzar el suministro de agua en una de las zonas más golpeadas por la escasez en Baja California.

La presidenta Claudia Sheinbaum anunció la construcción de una desaladora en Playas de Rosarito, Baja California, una obra valuada en 12 mil 500 millones de pesos que busca reforzar el abasto de agua potable para Tijuana. La inversión coloca nuevamente en el centro del debate una de las mayores urgencias del noroeste mexicano: cómo garantizar agua para una ciudad que crece, consume y depende cada vez más de soluciones de infraestructura costosas y de largo plazo.

De acuerdo con lo informado por infobae, el proyecto se enfocará en ampliar la capacidad de suministro hídrico para una de las regiones más presionadas por la sequía, la expansión urbana y la dependencia de fuentes que ya muestran señales de agotamiento. La desaladora se presenta como una respuesta de fondo a un problema que no se resuelve con medidas temporales: el agua en Tijuana se ha convertido en un asunto de seguridad social, desarrollo económico y gobernabilidad. En una zona donde los cortes, la intermitencia y la insuficiencia del servicio afectan tanto a hogares como a comercios e industrias, cualquier obra de esta magnitud tiene impacto inmediato en la conversación pública.

El anuncio también deja ver la estrategia del nuevo gobierno federal frente a una crisis que no es exclusiva de Baja California, pero que allí se siente con especial fuerza. La desalinización, aunque es una alternativa técnica viable para regiones costeras, implica altos costos de construcción, operación y consumo energético. Por eso, más que una solución mágica, la planta en Rosarito representa una apuesta política y técnica por diversificar las fuentes de agua en una entidad donde el estrés hídrico ya condiciona la vida cotidiana. El reto no solo será levantar la obra, sino asegurar que funcione con eficiencia, que el financiamiento sea sostenible y que la energía necesaria no termine encareciendo el servicio para la población.

En el fondo, este anuncio habla de un problema mayor que México comparte con otras regiones del continente: la infraestructura hídrica quedó rezagada frente al crecimiento demográfico y los efectos del cambio climático. Para Tijuana, una ciudad clave en la frontera con Estados Unidos y con fuerte peso económico, garantizar agua no es un detalle técnico sino una condición mínima para sostener empleo, inversión y estabilidad social. La desaladora en Rosarito puede convertirse en una pieza estratégica, pero su verdadero valor dependerá de algo más que la cifra millonaria: que logre traducirse en agua disponible, constante y accesible para la población que hoy vive al límite.

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