CNE desmiente imagen falsa sobre resultados definitivos y aclara que el escrutinio sigue
Imagen: El Tiempo - Política
El CNE desmintió una imagen que circuló con supuestos resultados definitivos de la segunda vuelta presidencial. La Registraduría recordó que el escrutinio sigue en curso y que el 99.997% del preconteo coincide con lo revisado por los jueces.
El Consejo Nacional Electoral desmintió la circulación de una imagen que presentaba como cerrados y definitivos unos supuestos resultados de la segunda vuelta presidencial, en un momento en que el proceso de escrutinio todavía no concluye. La aclaración llega en medio de la tensión habitual que acompaña una jornada de alta exposición política: cuando una pieza falsa aparece en redes con apariencia oficial, el riesgo no es solo la desinformación, sino la erosión acelerada de la confianza pública en las instituciones electorales.
Según informó El Tiempo - Política, la Registraduría señaló que el 99.997% de los resultados del preconteo coincide con el escrutinio adelantado por los jueces. Ese dato es relevante por dos razones. Primero, porque confirma que el conteo preliminar y la revisión posterior están arrojando una convergencia prácticamente total, lo que reduce el espacio para especulaciones sobre inconsistencias masivas. Segundo, porque recuerda algo que a menudo se pierde en la conversación pública: el preconteo sirve para dar una referencia rápida, pero no sustituye el escrutinio oficial, que es el que termina dando firmeza jurídica al resultado.
Ese matiz importa más de lo que parece. En Colombia, como en buena parte de la región, la discusión sobre elecciones no se agota en quién gana o pierde; también se juega en la credibilidad del sistema. Cuando circulan imágenes falsas con supuestos resultados definitivos, se alimenta una narrativa peligrosa: la de que el proceso ya quedó sellado antes de tiempo o, por el contrario, la de que existe manipulación oculta. Ambas versiones terminan haciendo daño porque amplifican la polarización y empujan a la ciudadanía a desconfiar de los canales oficiales. Por eso el llamado del CNE no es un trámite menor, sino una defensa directa de la legitimidad electoral en tiempo real.
En la práctica, este episodio también deja una lección sobre cómo se informan hoy las campañas y los comicios: la velocidad de las redes suele ir mucho más rápido que la verificación institucional. Para la gente de a pie, eso significa estar expuesta a piezas que parecen confiables, pero que pueden distorsionar por completo la lectura de una elección. Y para las autoridades, el reto no termina con publicar datos; también consiste en comunicar con claridad, desmontar falsedades a tiempo y explicar por qué el proceso formal sigue su curso aunque el panorama preliminar parezca casi cerrado. En una democracia fatigada por la sospecha, cada décima de verdad institucional cuenta.




