Terremoto en Colombia deja más de 130 muertos y pone a prueba al nuevo presidente
Imagen: El País
Colombia amaneció bajo estado de emergencia tras un terremoto que ya supera los 130 muertos y deja a miles de familias sin vivienda ni servicios básicos. La catástrofe golpea el arranque político de Abelardo de la Espriella, obligado a responder con rapidez y autoridad.
Colombia despertó este lunes en estado de emergencia después del terremoto que sacudió varias regiones del país y que, según el balance preliminar de las autoridades, ha dejado más de 130 muertos, cientos de heridos y una estela de destrucción sobre viviendas, carreteras y servicios públicos. El desastre irrumpe además en un momento políticamente delicado: Abelardo de la Espriella inicia su presidencia con una prueba inmediata de gobernabilidad, en medio de la presión por coordinar rescate, atención humanitaria y reconstrucción sin margen para el error.
Las primeras horas tras el sismo estuvieron marcadas por el colapso de infraestructuras, cortes de energía y comunicaciones intermitentes en zonas golpeadas con mayor fuerza. Equipos de socorro, organismos de gestión del riesgo y autoridades locales trabajan contra reloj para remover escombros, ubicar sobrevivientes y habilitar refugios temporales para miles de personas que quedaron sin techo. De acuerdo con reportes oficiales y testimonios recogidos en las zonas afectadas, la emergencia también está tensionando la red hospitalaria, que opera al límite por la llegada constante de heridos y por la necesidad de trasladar pacientes desde municipios aislados.
La magnitud del terremoto no solo se mide en el número de víctimas, sino en su impacto político y social. Para un gobierno que apenas arranca, la catástrofe funciona como una radiografía inmediata de su capacidad de reacción: si logra coordinar ayuda, garantizar transparencia en el manejo de recursos y comunicar con claridad, podrá convertir la crisis en una demostración de autoridad; si fracasa, la emergencia puede convertirse en el primer gran desgaste de su mandato. En un país donde los desastres naturales suelen revelar las grietas del Estado, la respuesta no se limita a repartir ayudas: también exige decisiones rápidas sobre infraestructura, prevención, vivienda y presencia territorial, especialmente en regiones históricamente abandonadas.
Más allá del drama humano, el terremoto vuelve a poner sobre la mesa una discusión vieja y urgente en Colombia: la fragilidad de muchas construcciones, la insuficiente preparación institucional ante emergencias de gran escala y la desigualdad que hace que los golpes más duros recaigan siempre sobre los mismos. En las próximas horas se conocerá el verdadero alcance de la tragedia, pero ya hay una certeza política y social: lo que el país haga ahora definirá no solo la recuperación de las zonas devastadas, sino también el tono con el que Abelardo de la Espriella empezará a ser juzgado por su capacidad de mando.




