Colombia

El Niño aprieta al sistema eléctrico colombiano, pero XM dice que no habrá apagón como en 1992

Hace 1 hora

Colombia atraviesa una presión eléctrica mayor por el golpe combinado de El Niño, la sequía y un consumo que sigue marcando máximos. Pese al estrés del sistema, XM sostiene que no ve un apagón generalizado como el de 1992.

Colombia entra en una etapa de máxima tensión para su sistema eléctrico: la demanda sigue batiendo registros, las lluvias no alcanzan para aliviar la sequía y el país depende cada vez más de plantas térmicas para sostener el suministro. Aun así, XM, operador del mercado eléctrico, descartó que hoy exista un escenario comparable con el apagón de 1992, cuando una falla estructural y un deterioro operativo más grave dejaron al país a oscuras por largos periodos.

Según informó infobae colombia, la presión actual sobre la red responde a una combinación conocida pero peligrosa: menos agua en embalses, mayor uso de generación con combustibles fósiles y un consumo que no da tregua, incluso en medio de señales de encarecimiento y de alertas técnicas. XM explicó que el sistema está siendo exigido al límite, pero que cuenta con herramientas operativas y capacidad de respuesta para evitar una interrupción masiva como la de hace más de tres décadas. El problema, sin embargo, no es menor: cada pico de demanda obliga a apretar la infraestructura y a depender más de fuentes que suelen ser más costosas y más sensibles a los precios del gas y del combustible.

El contexto importa porque Colombia no está frente a un apagón inminente, pero sí ante una prueba de resistencia que revela fragilidades de fondo. El país arrastra una matriz donde la hidroelectricidad sigue siendo decisiva, lo que en años secos amplifica la vulnerabilidad del sistema. Cuando El Niño reduce los aportes hídricos, el margen de maniobra se estrecha y la estabilidad depende de que la generación térmica entre a tiempo, sin fallas logísticas ni cuellos de botella regulatorios. En términos prácticos, eso se traduce en una factura eléctrica más sensible a los costos de respaldo, en mayor presión sobre las empresas del sector y en un riesgo permanente para hogares y comercios si la sequía se prolonga más de lo previsto.

La comparación con 1992 sirve como advertencia, no como pronóstico. A diferencia de aquella crisis, hoy existen más instrumentos de monitoreo, más capacidad de planeación y una arquitectura institucional más robusta. Pero también hay una realidad incómoda: el país sigue viviendo demasiado cerca de su límite energético. Si la demanda continúa subiendo y el clima no ayuda, la discusión no será solo evitar un apagón, sino cómo construir un sistema menos vulnerable a la variabilidad del clima y menos dependiente de decisiones de corto plazo que se vuelven costosas cuando llega el verano más duro.

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