Colombia

“Bendito Menor” buscaba un acuerdo antes de morir, según comandante de Los Pachenca

Hace 2 horas

Un comandante de Los Pachenca aseguró que habló con “Bendito Menor” días antes de su muerte y que el abatido cabecilla buscaba un nuevo arreglo con las autoridades. La revelación deja ver tensiones internas en una organización armada que sigue moviéndose entre la violencia y la negociación.

La muerte de alias “Bendito Menor” no solo cerró un capítulo de confrontación armada en la Sierra Nevada: también abrió una grieta sobre el estado real de disciplina dentro de Los Pachenca. Fredy Castillo Carrillo, identificado como comandante de esa estructura, afirmó que días antes de su abatimiento sostuvo una conversación con el cabecilla y que este ya venía actuando por fuera de las órdenes internas. Según su versión, el hombre buscaba resolver un problema personal y al mismo tiempo intentar una salida que lo protegiera a él y a su entorno más cercano, incluida su pareja, conocida como alias la Bebecita.

La declaración, difundida por infobae colombia, añade una capa de complejidad a un hecho que en apariencia podía leerse solo como un golpe operativo contra un actor armado. Castillo Carrillo sostiene que “Bendito Menor” ya no se comportaba como una ficha obediente dentro de la organización, sino como alguien que trataba de mover sus propias piezas en medio de presiones internas y externas. En ese contexto, el supuesto contacto con autoridades para negociar un nuevo “acuerdo” no luce como un gesto aislado, sino como la señal de un mando debilitado, dividido entre la supervivencia personal y la obediencia a una estructura criminal que castiga la autonomía.

Ese matiz importa por varias razones. Primero, porque revela que los grupos armados que operan en zonas como la Sierra Nevada no funcionan solo con jerarquías rígidas: también están atravesados por lealtades frágiles, disputas por poder y cálculos individuales. Segundo, porque muestra cómo estos actores buscan reacomodarse ante la presión estatal, ya sea a través de amenazas, silencios o intentos de negociación informal. Y tercero, porque el nombre de una mujer, alias la Bebecita, aparece en medio de una trama que habla de protección, vínculos afectivos y posibles intereses de seguridad, una dimensión que suele quedar por fuera de los expedientes pero que pesa en las decisiones de quienes mandan en estos grupos. En la práctica, esto significa que la caída de un jefe no necesariamente desarma la estructura: a veces solo reordena sus alianzas y acelera nuevas disputas.

Lo que queda ahora es una pregunta de fondo: ¿hasta qué punto la muerte de “Bendito Menor” fue el final de un mando incómodo para Los Pachenca, y hasta qué punto fue el síntoma de una organización que ya estaba fracturada por dentro? Las declaraciones de Castillo Carrillo sugieren que, antes de morir, el cabecilla intentó escapar de una lógica que él mismo ya no controlaba. En regiones donde la frontera entre negociación, presión armada y ajuste de cuentas es cada vez más difusa, ese detalle no es menor: ayuda a entender por qué la violencia criminal en Colombia persiste incluso cuando cae un nombre propio.

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