Política

La Comisión de Acusación, la ficha silenciosa que también le importa a Petro

Hace 3 horas

La puja por las presidencias del Congreso no solo define mayorías legislativas: también mueve una ficha clave para el presidente Gustavo Petro. En silencio, los partidos se disputan la Comisión de Acusación, el órgano que investiga a los mandatarios.

La disputa por las presidencias del Congreso tiene un trasfondo que no siempre aparece en el debate público: el control de la Comisión de Acusación de la Cámara, la instancia que investiga a los presidentes y que hoy se ha convertido en un espacio de interés estratégico para varios sectores políticos, incluido el gobierno de Gustavo Petro. Lo que parece una discusión interna sobre reparto de poder legislativo, en realidad toca una de las zonas más sensibles del sistema político colombiano: quién vigila al jefe de Estado y con qué correlación de fuerzas.

Según informó El Tiempo - Política, distintos sectores están observando con especial atención cómo se conforma esa célula investigadora, porque de su composición depende buena parte del margen político que tendrán las distintas fuerzas en un escenario de control institucional. La Comisión de Acusación, históricamente cuestionada por su lentitud y por su papel en procesos contra altos funcionarios, vuelve a escena no por una reforma profunda ni por una decisión judicial de alto impacto, sino por la negociación política que suele acompañar cada arranque legislativo. En otras palabras: mientras se discuten nombres para las mesas directivas, también se libra una batalla menos visible por el control del órgano que puede abrir o cerrar caminos contra el presidente.

Esto importa por varias razones. En Colombia, la Comisión de Acusación ha sido durante años un símbolo de la fragilidad del control político sobre la Presidencia: concentra una tarea enorme, pero opera bajo sospechas permanentes de ineficacia, favoritismo o cálculo partidista. Por eso, cada vez que cambia el reparto de poder en el Congreso, aumenta la presión sobre quiénes integran ese equipo y qué lealtades políticas pesan más. Para el presidente Petro, ese movimiento no es menor. En un momento en que su relación con el Legislativo ha estado marcada por tensiones, respaldos parciales y reacomodos constantes, asegurar una correlación favorable en ese espacio puede traducirse en mayor blindaje político o, al menos, en menos riesgo de que una denuncia avance con impulso adverso. Para sus contradictores, en cambio, la Comisión es un terreno desde el cual pueden ganar influencia en un tablero donde cada voto cuenta.

El problema de fondo es que esta discusión refleja una realidad que suele pasar de agache: el Congreso colombiano no solo reparte cargos, también administra los contrapesos del poder. Y cuando una institución encargada de investigar al presidente se define más por negociaciones entre bancadas que por criterios de independencia, el mensaje para la ciudadanía es inquietante. Al final, lo que está en juego no es una silla en una comisión, sino la credibilidad del sistema de controles sobre quien ocupa la Casa de Nariño. En un país donde la desconfianza hacia las instituciones es alta, ese detalle no es técnico ni menor: es una prueba de qué tan serio se toma la política el escrutinio del poder.

Noticias relacionadas