Antioquia lanza becas de periodismo en memoria de Mateo Pérez Rueda
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Antioquia lanzó las becas de periodismo Mateo Pérez Rueda, una iniciativa que honra al comunicador asesinado y abre una ruta de formación para nuevas voces en el departamento. El programa reúne a entidades públicas, academia y medios en torno a una apuesta por el oficio y la memoria.
Antioquia puso en marcha las becas de periodismo Mateo Pérez Rueda como un homenaje directo a la vida y al trabajo del comunicador asesinado en el departamento, pero también como una apuesta concreta por fortalecer a quienes quieren entrar al oficio. La iniciativa, impulsada por la Gobernación y la Corporación Gilberto Echeverri Mejía, con el respaldo de la Fundación Grupo El Colombiano, Teleantioquia y Uniminuto, busca convertir el recuerdo en oportunidad y la violencia en una respuesta institucional que defienda la libertad de prensa desde la formación.
Más allá del gesto simbólico, el programa reúne a actores con peso en la construcción del ecosistema mediático antioqueño: una administración departamental, una corporación de carácter social y académico, un medio tradicional, un canal público regional y una universidad. Esa alianza no es menor. En un país donde ejercer el periodismo sigue siendo una tarea de riesgo en algunos territorios, articular becas alrededor del nombre de un reportero asesinado envía un mensaje claro: el periodismo no solo se homenajea cuando se recuerda a sus víctimas, también cuando se crean condiciones para que nuevas generaciones puedan formarse con mayor respaldo.
El valor de esta iniciativa está en lo que representa para Antioquia y para Colombia. El asesinato de Mateo Pérez Rueda no solo dejó un vacío personal y profesional, sino que volvió a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de quienes informan desde las regiones, muchas veces sin suficiente protección, con recursos limitados y expuestos a presiones de todo tipo. Por eso estas becas importan: porque pueden abrir puertas a jóvenes con talento pero sin recursos, porque ayudan a renovar una profesión que necesita diversidad territorial y social, y porque recuerdan que el derecho a informar y a ser informado no se sostiene solo con discursos de defensa institucional, sino con inversión real en educación, ética y acompañamiento.
También hay una lectura de fondo que no conviene perder de vista. Cuando una gobernación, universidades y medios se unen para financiar o promover formación periodística, se está reconociendo que la calidad informativa no nace por casualidad: requiere método, rigor y oportunidades. En un momento en que la desinformación circula con facilidad y el periodismo local enfrenta crisis económicas severas, este tipo de becas puede marcar diferencia. No resuelve por sí solo la precariedad del oficio, pero sí envía una señal valiosa: la memoria de un periodista asesinado no puede quedarse en la conmemoración, debe traducirse en más periodistas preparados para contar lo que otros prefieren ocultar.




