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Mundial 2026: la FIFA va por ingresos récord y las entradas se vuelven el centro del negocio

Hace 3 horas
Mundial 2026: la FIFA va por ingresos récord y las entradas se vuelven el centro del negocio

Imagen: BBC Mundo

La FIFA se prepara para un Mundial 2026 que puede romper sus propios récords de ingresos, impulsado por un negocio cada vez más dependiente de las entradas. El problema es que ese crecimiento llega con precios que ya generan molestia entre aficionados y debate sobre a quién está dirigido el torneo.

La FIFA se encamina a otro Mundial convertido en una máquina de hacer dinero, y esta vez el motor más visible no será solo la televisión ni los patrocinadores, sino el bolsillo de los aficionados. Para 2026, el torneo que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá apunta a ingresos récord para el organismo rector del fútbol mundial, en buena medida por el peso creciente de la venta de entradas y por unos precios que ya han encendido críticas entre seguidores y especialistas. Lo que antes era, en la práctica, una fiesta global del deporte, hoy también funciona como un termómetro de cuánto está dispuesto a pagar el público por estar dentro del espectáculo.

El dato de fondo es importante: la FIFA ha construido durante décadas un modelo de negocio cada vez más sofisticado, apoyado en derechos de transmisión, alianzas comerciales, licencias y hospitalidad premium. Pero en el Mundial 2026, con más partidos y una demanda enorme en un mercado como el estadounidense, las entradas ganan una relevancia inédita. Eso significa que la taquilla ya no es un complemento, sino una pieza estratégica del engranaje financiero. En términos simples, cada asiento vendido no solo llena un estadio: también alimenta una factura multimillonaria que ayuda a sostener el andamiaje económico de la organización. El problema aparece cuando esa lógica comercial empieza a chocar con la idea de accesibilidad que históricamente acompañó al fútbol internacional.

Ese choque no es menor. En ediciones recientes, el precio de los boletos se ha vuelto un tema sensible porque deja fuera a buena parte de la afición de ingresos medios y bajos, especialmente en países donde asistir a un partido de este nivel ya implica trasladarse, hospedarse y asumir costos adicionales. En el caso de 2026, el escenario es todavía más complejo: se trata de un Mundial ampliado, con más selecciones y más encuentros, pero también con una estructura de sedes dispersas que puede encarecer la experiencia para el público. En otras palabras, la expansión del torneo no garantiza automáticamente más inclusión; puede terminar reforzando un modelo en el que el acceso al fútbol de élite queda cada vez más atado al poder adquisitivo.

Lo que está en juego va más allá de una discusión sobre boletos caros. La pregunta de fondo es quién se beneficia de la fiebre mundialista y quién termina pagando la cuenta. Para la FIFA, el Mundial 2026 representa la posibilidad de consolidar un negocio global todavía más rentable. Para los hinchas, sobre todo en Estados Unidos y en la región, el desafío será distinto: ver si el evento más grande del fútbol sigue siendo una celebración para todos o si termina convertido en un producto premium, diseñado para quienes pueden pagar la experiencia completa. En esa tensión entre espectáculo masivo y negocio excluyente se juega buena parte del futuro del fútbol internacional.

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