Escocia redujo los homicidios al tratar la violencia como un problema de salud pública

Imagen: BBC Mundo
Escocia logró reducir drásticamente los homicidios al tratar la violencia como un problema de salud pública, no solo policial. El cambio convirtió a una de las regiones más golpeadas por los asesinatos en Europa en un referente internacional de prevención.
Escocia pasó en menos de dos décadas de cargar con la peor tasa de asesinatos de Europa a exhibir una de las caídas más notables de violencia letal en el mundo desarrollado. La clave no estuvo en una respuesta de mano dura ni en más castigo, sino en un giro de enfoque: entender la violencia como un problema de salud pública. Ese cambio, según informó BBC Mundo, ayudó a reducir el número de homicidios y reconfiguró la manera en que el Estado interviene cuando los conflictos dejan de ser solo un asunto policial.
La lógica detrás de esta estrategia es simple, pero poderosa: si la violencia tiene raíces en la exclusión, el consumo problemático de alcohol y drogas, los traumas familiares y la falta de oportunidades, entonces no basta con arrestar a los agresores después del hecho. Escocia empezó a intervenir antes, con programas de prevención, trabajo comunitario, atención social y acompañamiento a jóvenes en riesgo. En lugar de tratar cada asesinato como un episodio aislado, las autoridades comenzaron a leerlo como la punta visible de una cadena de vulnerabilidades que venía creciendo desde hacía años.
Ese giro tiene implicaciones que van mucho más allá de Glasgow o Edimburgo. En una época en la que muchos gobiernos, tanto en Europa como en América Latina y Estados Unidos, responden a la criminalidad con más policía, más cárceles y discursos de orden, la experiencia escocesa ofrece una lección incómoda: la violencia también se combate en escuelas, centros de salud, barrios y hogares. Para países como Colombia, donde los homicidios han bajado en algunas etapas pero la violencia sigue mutando y golpeando de forma desigual, el caso escocés plantea una pregunta de fondo: ¿cuánto de lo que se persigue como delito podría evitarse si se atendiera antes como una emergencia social?
Lo más importante de este modelo no es solo que haya bajado el número de muertos, sino que cambió la cultura institucional. Escocia dejó de ver la violencia únicamente como un fracaso del sistema penal y empezó a asumirla como un síntoma de deterioro social. Esa diferencia, que parece técnica, termina siendo política: obliga al Estado a invertir en prevención, a coordinar agencias y a medir resultados en vidas salvadas, no solo en detenciones. Y en un continente —y en unas Américas— cansados de promesas de seguridad basadas en el castigo, esa puede ser la enseñanza más valiosa de todas.




