Honorio Henríquez toma el control del Senado con 56 votos y define la nueva correlación
Imagen: El Tiempo - Política
Honorio Henríquez fue elegido presidente del Senado con 56 votos y liderará la corporación en el periodo 2026-2027. Su llegada marca el inicio de una nueva correlación de fuerzas en una Cámara clave para aprobar o frenar las reformas del próximo cuatrienio.
Honorio Henríquez fue elegido este martes como nuevo presidente del Senado para el periodo 2026-2027, tras conseguir 56 votos en la plenaria. La decisión lo deja al frente de la corporación en un momento decisivo, porque será desde esa mesa directiva donde se ordenará buena parte del trámite de las reformas, los debates de control político y la relación entre el Congreso y el Ejecutivo en los próximos cuatro años.
La votación, según informó El Tiempo - Política, confirma que Henríquez logró reunir una mayoría suficiente para quedarse con uno de los cargos más influyentes del Legislativo. Más allá del resultado numérico, su elección envía una señal sobre el mapa político que empieza a consolidarse en el nuevo Senado: una bancada con capacidad de articulación, alianzas puntuales y una agenda que deberá medirse no solo por disciplina interna, sino por la eficacia para convertir mayorías en decisiones concretas. En un Congreso como el colombiano, donde las coaliciones suelen ser frágiles y los acuerdos cambian con rapidez, 56 votos no son solo una cifra; son una muestra de quién tiene hoy la llave para acelerar o trabar proyectos.
Este nombramiento importa porque el presidente del Senado no es un cargo ceremonial. Desde esa posición se define el ritmo legislativo, se administra la distribución del poder dentro de la corporación y se proyecta, de entrada, qué fuerzas tendrán más margen para negociar los temas más sensibles del país. En la práctica, eso influye en reformas de alto impacto para la ciudadanía: presupuesto, seguridad, salud, pensiones, tributación y la relación entre las regiones y el Gobierno central. Por eso, la elección de Henríquez no se lee solo como un cambio de nombre en la testera, sino como una pista sobre el tipo de Senado que funcionará durante este periodo y sobre qué tan fácil o difícil será convertir las promesas políticas en leyes.
Lo que viene ahora será una prueba de gobernabilidad para todas las bancadas. El nuevo Senado arranca con la responsabilidad de demostrar si puede tramitar proyectos de país sin quedar atrapado en la polarización que ha marcado varios ciclos legislativos recientes. Y para los ciudadanos, que suelen ver el Congreso como una arena distante, la clave es otra: de las decisiones que se tomen allí dependerá si las reformas llegan a mejorar servicios, aliviar cargas económicas o simplemente se quedan en el papel.



