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México prohíbe las escuelas militarizadas tras la muerte de una estudiante

Hace 4 horas
México prohíbe las escuelas militarizadas tras la muerte de una estudiante

Imagen: BBC Mundo

La muerte de una estudiante de 13 años desató en México una ofensiva oficial contra las escuelas militarizadas, ahora prohibidas por el gobierno. BBC Mundo visitó uno de esos planteles, que intenta sobrevivir mientras cambia su modelo disciplinario y pedagógico.

La muerte de una estudiante de 13 años en una escuela militarizada de México precipitó una decisión que el gobierno ya no quiso seguir postergando: prohibir este tipo de planteles, construidos sobre una lógica de disciplina castrense que durante años se presentó como sinónimo de orden y formación. La medida abre ahora una transición incómoda para centros que, hasta hace poco, operaban con rutinas rígidas, jerarquías marcadas y una idea de autoridad más cercana al cuartel que al aula.

BBC Mundo visitó uno de esos planteles, actualmente en proceso de cambio, y encontró una institución obligada a desmontar prácticas que habían definido su identidad. La transformación no es menor. Implica revisar uniformes, protocolos, métodos de corrección y hasta la relación entre maestros y estudiantes, en un sistema donde la obediencia había pesado más que el acompañamiento pedagógico. Para directivos y docentes, el reto es doble: responder al escrutinio público tras la tragedia y, al mismo tiempo, reimaginar una oferta educativa que durante años atrajo a familias convencidas de que la disciplina extrema era un valor agregado.

El caso revela algo más profundo que la caída de un modelo escolar: expone la tensión entre seguridad, control y derechos de niñas, niños y adolescentes en un país donde la violencia, la desigualdad y la desconfianza institucional también se cuelan en las aulas. Cuando una escuela adopta métodos militarizados, el problema no termina en la puerta del salón; impacta la forma en que se entiende la infancia, el castigo y la autoridad. Por eso la prohibición no solo busca cerrar una etapa, sino corregir una cultura educativa que normalizó prácticas hoy difíciles de defender tras una muerte que sacudió a la opinión pública.

Lo que ocurra con estos planteles será una prueba para el propio Estado mexicano. Si la transición se queda en el papel, el cambio será solo nominal; si logra imponer estándares claros de protección, bienestar y formación, podría marcar un giro real en la educación básica privada y en la supervisión de instituciones que operaban en una zona gris. Para miles de familias, el debate también toca una pregunta más simple y más urgente: qué tipo de escuela merece un país que dice querer proteger a sus niños antes que disciplinarlos a cualquier costo.

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