Nepal corre contra el tiempo para rescatar a más de 900 atrapados en túneles hidroeléctricos

Imagen: clarin colombia
Más de 900 trabajadores quedarían atrapados en túneles de centrales hidroeléctricas en Nepal tras la devastadora riada que dejó 939 muertos. Con explosivos, cuerdas y una carrera contra el tiempo, los rescatistas luchan para llegar antes de que se agote el oxígeno.
Nepal enfrenta una emergencia de enormes proporciones: más de 900 trabajadores de centrales hidroeléctricas estarían atrapados en túneles subterráneos, mientras equipos de rescate intentan abrir paso con explosivos, cuerdas y maquinaria en una operación contrarreloj. La tragedia ocurre en medio de la riada que ya ha dejado 939 muertos y mantiene al país bajo una presión humanitaria y logística sin precedentes.
Según informó clarin colombia, las personas afectadas trabajan en instalaciones hidroeléctricas distribuidas en distintas zonas del país, una infraestructura clave para Nepal por su dependencia de la energía generada a partir de sus ríos. El problema es que el avance del agua, el colapso de accesos y la posible falta de ventilación en los túneles multiplican el riesgo de asfixia conforme pasan las horas. En ese escenario, cada minuto cuenta: la prioridad de los rescatistas es abrir corredores de salida antes de que el oxígeno se agote por completo.
Lo que está ocurriendo en Nepal no es solo una emergencia laboral; es también una advertencia sobre la vulnerabilidad de los proyectos energéticos en zonas de alta inestabilidad climática y geográfica. El país, encajado en el Himalaya, vive con frecuencia el impacto de lluvias extremas, deslizamientos y crecidas súbitas, pero la magnitud de esta tragedia pone en evidencia los límites de la preparación estatal frente a desastres de gran escala. Si se confirma que cientos de personas siguen atrapadas, el saldo podría convertirse en uno de los episodios más graves de la historia reciente del país.
Más allá de las cifras, el drama humano es inmediato: familias esperando noticias, rescatistas trabajando a ciegas y un Estado obligado a responder mientras lidia con una catástrofe que ya desbordó sus capacidades. En un país donde la electricidad y la infraestructura hidráulica son vitales para la economía cotidiana, el desenlace de esta operación tendrá consecuencias que irán mucho más allá de los túneles.




