Colombia

Santa Marta sigue en alerta tras paro armado y funeral de alias Cholo

Hace 1 día

Santa Marta sigue bajo tensión tras el paro armado decretado por las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, luego de la muerte de alias Cholo en un operativo contra Los Pachenca. El recibimiento de varios féretros con un desfile de motos dejó ver la capacidad de intimidación del grupo armado.

Santa Marta no terminó de salir del sobresalto cuando volvió a sentir el peso de los grupos armados que operan en la Sierra Nevada. Tras el operativo en el que murió José Luis Pérez Villanueva, alias Cholo o “Comando 25”, las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada mantuvieron en vilo a la ciudad con un paro armado que se extendió por más de 48 horas, mientras en la zona se registraba el recibimiento de los féretros de él y de otros seis hombres abatidos en la acción contra Los Pachenca. El mensaje fue claro: más allá del resultado operativo, el territorio sigue disputado y la capacidad de presión criminal permanece intacta.

De acuerdo con la información conocida, el funeral de los fallecidos estuvo acompañado por un desfile de motos, una escena que no es menor en un contexto donde la ostentación de fuerza también funciona como lenguaje político y criminal. Las autoridades se mantienen atentas en la zona ante cualquier alteración del orden público, especialmente después de la parálisis que generó el paro armado decretado por las Acsn tras la muerte de alias Cholo. En una ciudad como Santa Marta, donde el turismo, el comercio y la movilidad cotidiana dependen de la percepción de seguridad, este tipo de episodios golpea no solo la tranquilidad de los barrios, sino también la actividad económica de cientos de familias que viven del día a día.

El trasfondo de lo ocurrido revela algo más profundo que un simple choque entre bandas: en la Sierra Nevada y sus alrededores se libra una disputa por rentas ilegales, rutas y control social, con Santa Marta atrapada en el medio. La muerte de alias Cholo, señalado como hombre de peso dentro de Los Pachenca, no parece haber desactivado la amenaza; por el contrario, detonó una demostración de capacidad de respuesta que obliga al Estado a sostener presencia y vigilancia, no solo con operativos puntuales sino con inteligencia, control territorial y protección real a la población civil. Mientras no se reduzca esa estructura de poder armado, cada captura, cada baja y cada funeral pueden convertirse en nuevos episodios de intimidación colectiva.

Lo que pasó con estos féretros no es un hecho aislado ni un ritual fúnebre cualquiera: es una postal de la persistencia del conflicto criminal en el Caribe colombiano. Y para la gente común, la consecuencia es concreta y dolorosa: más miedo, más restricciones y más incertidumbre sobre quién manda realmente en las calles y carreteras de la región.

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