Irán castiga con 74 latigazos a cantante por aparecer sin velo en un video

Imagen: clarin colombia
Una cantante iraní fue condenada a 74 latigazos por aparecer sin velo en la grabación de un video, una sanción que vuelve a mostrar hasta dónde llega el control del Estado sobre la vida privada y artística en Irán. La pena también le prohíbe salir del país y ejercer su oficio por dos años.
La justicia iraní volvió a enviar un mensaje brutal: una cantante fue condenada a 74 latigazos por no usar el velo durante la grabación de un video musical, una sanción que no solo castiga una decisión de vestuario, sino que reafirma el castigo estatal sobre el cuerpo de las mujeres y sobre cualquier expresión artística que se salga de la norma oficial. La sentencia, además, le impone la prohibición de salir del país y la inhabilitación para desarrollar actividades artísticas durante dos años, un combo de castigos que busca algo más que sancionar un hecho puntual: busca disciplinar y dar ejemplo.
Según informó Clarín Colombia, el tribunal sostuvo que la artista “desafió las leyes de la República Islámica”, una formulación que en la práctica convierte una apariencia en una falta política. En Irán, el velo no es un accesorio opcional: es una obligación legal y un símbolo de obediencia al orden religioso y estatal. Por eso este caso no debe leerse como una anécdota aislada ni como una simple controversia cultural. La condena golpea de frente a la industria musical, a las mujeres que trabajan en ella y a una generación que ha intentado abrir espacios de libertad en medio de restricciones crecientes.
El trasfondo importa. En los últimos años, Irán ha endurecido su vigilancia sobre la vestimenta femenina y sobre la presencia de mujeres en el espacio público, mientras artistas, activistas y ciudadanas comunes han pagado el costo de desafiar esas normas. Castigos corporales como los latigazos, lejos de ser una reliquia del pasado, siguen funcionando como una herramienta de intimidación. Y cuando la sanción se combina con la prohibición de viajar y de trabajar, el Estado no solo castiga: aísla, empobrece y silencia. Para una cantante, esto significa quedar prácticamente fuera de circulación en un ecosistema donde la exposición pública es clave para sostener una carrera y, en muchos casos, para sobrevivir económicamente.
Este caso también deja ver la dimensión política de la cultura en Irán. Grabar un video sin velo puede parecer un gesto menor desde fuera, pero dentro de ese sistema se convierte en una transgresión con consecuencias severas. Esa es precisamente la señal que quiere mandar el poder: que la música, la imagen y el cuerpo femenino deben permanecer bajo control. Para quienes miran desde América Latina o Estados Unidos, el episodio ayuda a entender que no se trata solo de una condena individual, sino de una forma de gobernar mediante el miedo. Y en esa lógica, cada castigo público funciona como advertencia para las demás mujeres que todavía intentan empujar los límites de lo permitido.


