Política

Congreso acelera al cierre: siete proyectos avanzan y otros clave quedan al borde del naufragio

Hace 4 horas

En el cierre de la legislatura, el Congreso dejó avanzar siete iniciativas, entre ellas la ley nuclear y la prohibición de la mutilación genital femenina. Pero otras apuestas del Gobierno, como Minigualdad y la jurisdicción agraria, siguen atascadas y podrían naufragar por falta de tiempo político.

En la recta final de la legislatura, el Congreso colombiano movió varias piezas que durante meses parecían condenadas al archivo y terminó aprobando siete iniciativas, entre ellas dos de alto valor simbólico y político: la ley nuclear y la prohibición de la mutilación genital femenina. El saldo, sin embargo, no es una señal de velocidad legislativa sino de cierre apresurado: mientras unas propuestas lograron salir del laberinto parlamentario, otras quedaron a la intemperie y ahora dependen de que el reloj político no les dé la estocada final.

De acuerdo con la información publicada por El Tiempo - Política, los últimos días de actividad legislativa sirvieron para destrabar proyectos que venían acumulando retrasos y resistencias. La ley nuclear, que abre la puerta a una regulación más clara sobre el uso de esa tecnología en el país, y la iniciativa que prohíbe la mutilación genital femenina, una discusión largamente postergada en materia de derechos de las mujeres y protección de niñas, quedaron entre los avances más visibles. Pero el panorama no fue parejo: propuestas como Minigualdad y la jurisdicción agraria siguen empantanadas, con pocas posibilidades de completar el trámite si la agenda parlamentaria no les concede una última ventana.

El cuadro revela algo más profundo que una simple lista de proyectos aprobados o aplazados. En Colombia, las últimas semanas de cada legislatura suelen convertirse en una carrera contra el tiempo donde pesan más los acuerdos de pasillo que el debate de fondo. Eso explica por qué temas con impacto estructural en equidad territorial, derechos sociales o arquitectura institucional quedan sometidos a la lógica del reloj. Minigualdad, por ejemplo, ha sido una bandera política del Gobierno para mantener viva la discusión sobre redistribución y representación; la jurisdicción agraria, por su parte, conecta con una deuda histórica del Estado en materia de acceso a la tierra y resolución de conflictos rurales. Si esas iniciativas se hunden, el efecto no será solo simbólico: también significará un retroceso en apuestas que apuntaban a corregir brechas profundas en el país.

Lo que deja esta jornada legislativa es una fotografía incómoda pero honesta del Congreso: sí hay capacidad de aprobar reformas cuando convergen intereses, presión pública y tiempos favorables, pero eso no garantiza consistencia ni prioridad en los temas de mayor impacto social. Para el Gobierno, el cierre de la legislatura es una prueba de fuerza; para la ciudadanía, es otra evidencia de que las transformaciones de fondo siguen atrapadas entre la urgencia política y la lentitud institucional. En otras palabras: el Congreso alcanzó a sacar algunas leyes, pero también dejó claro que, cuando se apaga el reloj, muchas promesas terminan quedando a medio camino.

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