Hospital General de Medellín restringe atención por deudas de Nueva EPS y Comfachocó
Imagen: El Tiempo (Colombia)
El Hospital General de Medellín limitará la atención a usuarios de Nueva EPS y Comfachocó por falta de giros y una deuda millonaria. Desde el martes 16 de junio solo recibirá urgencias vitales.
El Hospital General de Medellín decidió cerrar el grifo de parte de sus servicios para los usuarios de Nueva EPS y Comfachocó, una medida drástica que deja al descubierto la fragilidad financiera con la que operan muchos centros asistenciales en Colombia. Según informó El Tiempo (Colombia), la restricción entrará en vigor desde el martes 16 de junio y, por ahora, la institución solo atenderá urgencias vitales para estos pacientes, tras el incumplimiento en los giros que debía recibir por parte de las aseguradoras.
La decisión no es menor: en la práctica, significa que consultas, controles, procedimientos programados y otros servicios que no sean de carácter crítico quedarán suspendidos para dos poblaciones aseguradas que dependen de la red del hospital. El detonante, de acuerdo con la información divulgada por El Tiempo, es una deuda millonaria acumulada por el retraso en los pagos, un problema que termina trasladando la crisis administrativa al pasillo de urgencias, al consultorio y al bolsillo del paciente, que suele quedar atrapado entre autorizaciones demoradas, citas aplazadas y barreras de acceso.
Más allá del caso puntual, lo ocurrido en Medellín vuelve a poner sobre la mesa una de las fallas estructurales más persistentes del sistema de salud colombiano: la tensión entre prestadores y aseguradoras por el flujo de recursos. Cuando los giros no llegan a tiempo, los hospitales dejan de tener margen para sostener nómina, insumos, mantenimiento y contratación de servicios, y terminan tomando medidas que afectan directamente a los afiliados. En ciudades como Medellín, donde la demanda asistencial es alta, una restricción así no solo complica la operación del hospital, sino que también aumenta la presión sobre otras instituciones que deben absorber pacientes reubicados o casos postergados.
El impacto para la gente de a pie es inmediato y concreto. Quien tenga una cita, una cirugía o un control pendiente con alguna de esas dos entidades deberá buscar alternativas o esperar una nueva ruta de atención, con el riesgo de que el tiempo juegue en contra de diagnósticos y tratamientos. En ese escenario, la noticia no es solo una disputa financiera entre una clínica y unas EPS: es una señal de alarma sobre cómo los problemas de caja del sistema terminan convirtiéndose en una barrera real para el derecho a la salud. Y si no se resuelve rápido el flujo de pagos, este tipo de medidas podría repetirse en otros hospitales del país.




