República Dominicana sale del mapa del hambre y marca un giro en América Latina

Imagen: BBC Mundo
República Dominicana acaba de entrar al grupo de países que ya no aparecen en el mapa mundial del hambre de la ONU. El dato es relevante porque llega en una región donde la inseguridad alimentaria sigue golpeando a millones.
República Dominicana se convirtió en el último país de América Latina en salir del mapa mundial del hambre de Naciones Unidas, un hito que la coloca en una posición singular dentro de una región que todavía arrastra profundas brechas sociales y alimentarias. El dato no significa que el problema haya desaparecido por completo, pero sí que, según los criterios internacionales, la población dominicana ya cuenta con un acceso suficiente a las calorías básicas necesarias para sostener una vida digna. En un continente donde la desigualdad suele traducirse en platos vacíos, ese avance tiene un peso político y social considerable.
La explicación de este resultado pasa por una combinación de factores que, en conjunto, mejoraron el acceso a los alimentos: crecimiento económico en distintos periodos, políticas públicas orientadas a la protección social, expansión de programas de apoyo alimentario y una mejora gradual en la disponibilidad de productos básicos. Según el reporte citado por BBC Mundo, el país logró superar un umbral que otras naciones de la región todavía no consiguen cruzar, en parte porque consiguió estabilizar indicadores que durante décadas castigaron a la población más vulnerable. Pero el mérito no debe leerse de forma aislada: salir del “hambre cero” en la clasificación de la ONU no equivale a haber resuelto la pobreza ni la mala nutrición, dos problemas que pueden persistir incluso cuando ya no hay subalimentación crónica.
Aquí está la clave: el hambre no se mide solo por la cantidad de comida que existe en un país, sino por la capacidad real de la gente para acceder a ella de forma constante, suficiente y nutritiva. Por eso el caso dominicano importa más allá de sus fronteras. Muestra que las políticas públicas sí pueden cambiar la trayectoria de un país cuando se combinan con estabilidad macroeconómica y redes de apoyo social. También deja una advertencia para el resto de América Latina: la región no avanza al mismo ritmo y sigue siendo vulnerable a shocks como inflación, encarecimiento de alimentos, desempleo y eventos climáticos que empujan a millones de personas a la inseguridad alimentaria.
Para la población de a pie, especialmente en países con economías frágiles, esta noticia ofrece una lección incómoda pero necesaria: salir del hambre extrema es posible, pero sostener ese logro exige inversión pública, disciplina institucional y protección frente a crisis que suelen golpear primero a los hogares más pobres. República Dominicana llega a esa meta como último país latinoamericano en lograrlo, pero su caso debería leerse menos como una postal de éxito definitivo y más como una prueba de que la lucha contra el hambre es una batalla política, no solo económica.


