Cuba vuelve a apagarse: sexto colapso eléctrico nacional en lo que va de 2025

Imagen: clarin colombia
Cuba volvió a quedar a oscuras tras una desconexión total de su sistema eléctrico, en el sexto apagón nacional en lo que va de año. El nuevo colapso confirma la fragilidad de una red sometida a meses de fallas, escasez de combustible y plantas al límite.
Cuba sufrió otro apagón nacional y volvió a quedar completamente a oscuras, esta vez por una desconexión total del sistema eléctrico que obligó a las autoridades a activar, de inmediato, los protocolos de emergencia para intentar restablecer el servicio. El nuevo colapso no es un episodio aislado ni una falla excepcional: es la muestra más reciente de un país atrapado en una crisis energética que ya se volvió estructural y que golpea de lleno la vida diaria de millones de cubanos.
Según informó la Unión Eléctrica, la empresa estatal encargada de la red, la interrupción afectó de forma integral al sistema nacional. Con este episodio, la isla acumula seis colapsos generalizados desde enero y once desde finales de 2024, una cifra que deja en evidencia el deterioro sostenido de la infraestructura eléctrica. Detrás de cada apagón no solo hay casas sin luz: hay hospitales operando bajo presión, comercios paralizados, transporte afectado y una economía que pierde capacidad productiva en un contexto ya de por sí asfixiante.
La repetición de estos cortes revela un problema más profundo que un simple fallo técnico. Cuba arrastra desde hace meses una combinación explosiva de plantas envejecidas, escasez de combustible, falta de inversión y una demanda que supera con creces la capacidad real de generación. En la práctica, eso significa que el sistema vive al borde del colapso permanente. Y cuando se cae, como ocurrió otra vez ahora, el país entero queda expuesto a la incertidumbre: no se sabe cuánto tardará el restablecimiento ni si el servicio volverá a fallar poco después. Para la población, el apagón ya no es una anomalía sino una rutina que condiciona desde la conservación de alimentos hasta el acceso al agua y el descanso nocturno.
Este nuevo episodio importa porque pone de relieve el tamaño de la crisis que enfrenta el gobierno cubano y la limitada capacidad de respuesta que tiene frente al deterioro de su red eléctrica. Más allá del impacto inmediato, la frecuencia de los apagones profundiza el malestar social y agrava la salida de ciudadanos que ven cada vez menos margen para sostener su vida cotidiana en la isla. Mientras las autoridades intentan recomponer el sistema, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: cuánto tiempo puede resistir un país cuando la luz, literalmente, deja de ser una certeza.


