Briceño se baja de la pelea por la Cámara y lanza 21 proyectos en el Congreso
Imagen: El Tiempo - Política
Daniel Briceño descartó competir por la presidencia de la Cámara y dijo que respetará el acuerdo político entre bancadas para la elección de la mesa directiva. En medio de esa decisión, anunció una agenda de 21 proyectos de ley y lanzó una fuerte crítica contra Nicolás Barguil.
Daniel Briceño, representante del Centro Democrático, decidió bajarle el tono a la disputa por el control de la Cámara y anunció que no buscará la presidencia de esa corporación. Su mensaje, según informó El Tiempo - Política, fue doble: por un lado, respetará el acuerdo político que reparte los cargos de la mesa directiva entre los partidos; por el otro, aprovechará el arranque de la nueva legislatura para poner sobre la mesa 21 proyectos de ley propios. En una escena que combina cálculo político y posicionamiento ideológico, el congresista también lanzó un dardo contra Nicolás Barguil, a quien calificó como un “conservador petrista”, una etiqueta que deja ver las tensiones internas y las fronteras cada vez más difusas entre opositores, independientes y sectores dispuestos a negociar con el Gobierno.
La decisión de Briceño no es menor en un Congreso donde la presidencia de la Cámara suele convertirse en una pieza clave para controlar la agenda, moderar debates y proyectar poder hacia afuera. Al afirmar que no irá tras esa dignidad, el parlamentario opta por alinearse con la lógica de los acuerdos políticos que históricamente distribuyen esos espacios entre partidos, una práctica que busca evitar choques abiertos al inicio de cada legislatura. Pero el gesto también tiene lectura estratégica: Briceño se desmarca de la pelea por la silla más visible de la corporación y concentra sus esfuerzos en construir una identidad legislativa propia, apoyado en una lista amplia de iniciativas que, de avanzar, podrían servirle como plataforma política más sólida que un cargo administrativo de corto aliento.
El señalamiento contra Barguil, además, revela algo más profundo que una simple pulla entre congresistas. En el Congreso actual, las etiquetas ya no describen solo ideologías; también miden cercanías con el Gobierno, capacidad de negociación y disposición a entrar en coaliciones tácticas. Llamar “conservador petrista” a un dirigente del Partido Conservador es una forma de cuestionar su independencia política y de marcar distancia frente a lo que sectores de oposición ven como una bancada demasiado flexible con el Ejecutivo. En ese tablero, lo que está en juego no es solo quién preside la Cámara, sino qué tan coherente será la oposición y qué tan estables resultarán los acuerdos que sostienen el funcionamiento del Legislativo.
Para la ciudadanía, estas movidas importan porque de ellas depende en buena medida qué proyectos avanzan, cuáles se traban y quién tiene capacidad real de influir en las reglas del debate parlamentario. Los 21 proyectos anunciados por Briceño serán la prueba de si su decisión de no disputar la presidencia responde a una apuesta de fondo por producir resultados legislativos o a una estrategia para ganar visibilidad sin cargar con el costo político de una pelea interna. En un Congreso donde abundan los guiños y escasean las reformas de impacto, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: si la política de acuerdos sirve para gobernar, ¿también servirá para responder a los problemas concretos de los colombianos?



