Ex trabajador de Zaporizhzhia busca reabrir causa por tortura en Argentina

Imagen: infobae mundo
Un ex trabajador de la central nuclear de Zaporizhzhia denunció haber sido torturado en una comisaría bajo control ruso y su caso llegó a la Justicia argentina por jurisdicción universal. Aunque fue archivado, sus abogados pidieron reabrir la causa tras la revelación pública de su identidad.
Un ex empleado de la central nuclear de Zaporizhzhia, hoy ocupada por tropas rusas, salió del anonimato para contar que habría sido torturado en una comisaría después de su detención. Su caso, impulsado en Argentina bajo el principio de jurisdicción universal, fue archivado por la Justicia, pero sus abogados pidieron reabrirlo luego de que el hombre revelara públicamente quién es y confirmara que está dispuesto a sostener su testimonio.
De acuerdo con lo informado por Infobae Mundo, el denunciante sostiene que fue sometido a descargas eléctricas durante su cautiverio policial, un relato que encaja en el tipo de crímenes graves que pueden ser investigados más allá del país donde ocurrieron. La estrategia judicial buscaba que tribunales argentinos avanzaran sobre los hechos pese a que las presuntas agresiones se habrían producido en territorio ucraniano, en el marco de la invasión rusa. Sin embargo, la causa quedó paralizada cuando fue archivada, un golpe para las expectativas de las víctimas que buscan justicia fuera de una Ucrania devastada por la guerra.
El caso vuelve a poner sobre la mesa el uso de la jurisdicción universal, una herramienta excepcional que países como Argentina han aplicado en otros expedientes vinculados a delitos de lesa humanidad y violaciones graves de derechos humanos. Su valor, en un escenario de guerra como el de Ucrania, radica en evitar que la impunidad dependa exclusivamente de tribunales locales sometidos a la presión militar o política. La decisión de este ex trabajador de exponer su identidad también cambia el tablero: ya no se trata solo de una denuncia anónima, sino de una víctima que asume el costo personal de hablar y que busca darle mayor solidez a una investigación que, por ahora, sigue trabada entre la burocracia judicial y la dificultad de probar torturas cometidas en un territorio ocupado.
Más allá del expediente argentino, la denuncia vuelve a iluminar el costo humano de la ocupación de Zaporizhzhia, una central estratégica que se convirtió en símbolo del conflicto y del riesgo nuclear en Europa. Si la causa se reabre, no solo podría reactivarse una vía judicial para este caso puntual: también podría enviar una señal sobre el alcance real de la justicia internacional frente a abusos cometidos en guerras contemporáneas, donde las víctimas suelen quedar atrapadas entre la violencia del frente y la lentitud de los tribunales.



