Delcy Rodríguez resucita el legado de Fidel Castro y refuerza el eje Caracas-La Habana

Imagen: clarin colombia
Delcy Rodríguez volvió a colocar a Fidel Castro en el centro del discurso político venezolano al homenajearlo en el centenario de su nacimiento. Desde Caracas, lo presentó como símbolo de “dignidad” y “justicia social”, en una señal que reaviva la alianza ideológica con La Habana.
La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, aprovechó el centenario del nacimiento de Fidel Castro para rendirle homenaje desde Caracas y elevarlo como una figura de referencia para los pueblos que, según su visión, buscan emancipación política y justicia social. El gesto no es menor: en plena crisis regional, el chavismo vuelve a reivindicar al líder cubano no solo como ícono histórico, sino como parte del relato con el que intenta sostener su propia legitimidad política.
De acuerdo con lo informado por Clarín Colombia, Rodríguez presentó a Castro como un ejemplo de compromiso con la dignidad y la justicia social, y lo incluyó entre las referencias del discurso oficial venezolano hacia Cuba. El mensaje fue emitido desde la capital venezolana en el marco de la conmemoración de los cien años del nacimiento del dictador cubano, una fecha que el gobierno de Nicolás Maduro y su entorno convierten habitualmente en acto político, más que en simple recordatorio histórico.
Este tipo de homenajes confirma algo más profundo: la persistencia del eje Caracas-La Habana como una alianza de supervivencia ideológica y estratégica. Para el chavismo, Fidel Castro no es solo pasado; es un símbolo útil para reforzar un discurso antiestadounidense, justificar el control del poder y presentarse como heredero de una lucha continental. Para Cuba, en cambio, Venezuela sigue siendo un sostén económico y diplomático clave. Por eso, cada exaltación pública del castrismo tiene una lectura que excede la nostalgia: habla de una relación política que sigue marcando la agenda regional y que aún pesa sobre millones de ciudadanos sometidos a economías frágiles, migración masiva y restricciones a las libertades.
En términos prácticos, estos gestos también sirven para medir el pulso interno de los gobiernos aliados. Cuando una alta funcionaria venezolana decide homenajear a Fidel Castro con ese tono, envía un mensaje hacia adentro y hacia afuera: el chavismo no piensa correrse del molde que ha defendido durante décadas, aunque ese modelo haya sido señalado por sus efectos sobre la pobreza, el exilio y la concentración del poder. En una región cansada de promesas incumplidas, la pregunta de fondo no es quiénes siguen aplaudiendo a Castro, sino por qué sus herencias políticas continúan encontrando espacio en gobiernos que se presentan como defensores del pueblo.



