Deslizamiento en mina de oro en Nariño deja nueve muertos y decenas atrapadas

Imagen: infobae colombia
Un deslizamiento en una mina de oro de Santa Bárbara de Iscuandé, en Nariño, dejó al menos nueve personas muertas y mantiene a decenas atrapadas. La lejanía del punto de la emergencia ha dificultado el rescate y elevó la urgencia de apoyo aéreo y atención médica.
Al menos nueve personas murieron tras un deslizamiento de tierra en una mina de oro ubicada en zona rural de Santa Bárbara de Iscuandé, en Nariño, una emergencia que además habría dejado cerca de 30 personas atrapadas bajo el material. La tragedia golpeó un territorio donde la precariedad de la infraestructura y las dificultades de acceso suelen convertir cada minuto en un factor decisivo para encontrar sobrevivientes.
De acuerdo con la información conocida hasta ahora, el derrumbe ocurrió en un sector apartado, lo que ha complicado de forma notable las labores de búsqueda y rescate. La Defensoría del Pueblo pidió apoyo aéreo y asistencia médica urgente para atender a los afectados, una solicitud que refleja la magnitud del operativo que se necesita en una región donde la respuesta terrestre es lenta y muchas veces insuficiente frente a este tipo de emergencias.
Este nuevo siniestro vuelve a poner sobre la mesa los riesgos asociados a la minería en zonas rurales del país, especialmente en territorios donde la actividad avanza entre la informalidad, la ausencia estatal y condiciones geográficas adversas. En Nariño, como en otras regiones mineras de Colombia, la combinación de lluvias, inestabilidad del terreno y faenas extractivas sin garantías plenas de seguridad sigue siendo una fórmula letal. No se trata solo de una tragedia puntual: también es una radiografía del abandono en el que trabajan miles de mineros y del costo humano que pagan las comunidades cuando la prevención llega tarde o no llega.
La cifra de muertos podría aumentar a medida que avanzan las labores de rescate, si logran superar las barreras del terreno y la distancia. Mientras tanto, la prioridad es doble: encontrar a quienes siguen atrapados y atender a los heridos con la mayor rapidez posible, en una región donde la emergencia no solo es minera, sino también humanitaria.




