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Golpe en un boliche de Córdoba: detuvieron al patovica y buscan responsabilidades mayores

Hace 2 horas
Golpe en un boliche de Córdoba: detuvieron al patovica y buscan responsabilidades mayores

Imagen: infobae

Un adolescente sufrió una doble fractura de mandíbula tras ser golpeado por un patovica en un boliche de Córdoba, en un hecho que quedó filmado y derivó en la detención del agresor. La defensa ahora apunta también contra los dueños del local y la empresa de seguridad por posibles responsabilidades penales.

La noche terminó en una lesión gravísima y en una causa judicial que ya no apunta solo al agresor directo. Un adolescente fue atacado por un patovica dentro de un boliche de Córdoba y terminó con una doble fractura de mandíbula, en un episodio que quedó registrado en video y que llevó a la detención del trabajador de seguridad, según informó infobae.

De acuerdo con la información conocida hasta ahora, la agresión ocurrió en medio de una pelea dentro del local bailable. Las imágenes que circularon dejaron expuesta la violencia del episodio y reforzaron la acusación contra el empleado de seguridad, que quedó bajo investigación. El abogado de la víctima, además, pidió que el caso no se limite al golpe en sí y que también se analice la eventual responsabilidad de quienes administran el boliche y de la firma encargada de la seguridad privada.

El caso vuelve a poner bajo la lupa un problema recurrente en la nocturnidad argentina: qué controles existen sobre el accionar de los patovicas y hasta dónde llega la responsabilidad de los establecimientos cuando intervienen en situaciones de conflicto. En la práctica, estos episodios suelen escalar en segundos y dejan a víctimas con secuelas físicas y judiciales que tardan meses o años en resolverse. Por eso no alcanza con identificar al autor material; también importa saber si hubo protocolos, supervisión y criterios claros para evitar que una intervención termine en una agresión desproporcionada.

Para la víctima, el daño ya está hecho y la discusión legal recién empieza. Pero para Córdoba —y para cualquier ciudad donde la noche depende de personal de seguridad privada— el caso expone una tensión de fondo: cuando el control de la entrada y la salida de los locales se ejerce con violencia, el límite entre seguridad y abuso se borra demasiado rápido. Y cada vez que eso ocurre, no solo se pone en juego la integridad de un chico golpeado, sino también la responsabilidad de toda una cadena que suele operar con demasiada impunidad.

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