Landaluce dimite como alcalde de Algeciras tras su imputación por acoso sexual

Imagen: El País
José Ignacio Landaluce dejará la alcaldía de Algeciras el 25 de octubre, en medio de su imputación por acoso sexual y a tres días de una moción de censura impulsada por PSOE y Vox. Su salida abre una nueva fase de incertidumbre política en el Ayuntamiento.
José Ignacio Landaluce hará efectiva su renuncia como alcalde de Algeciras el próximo 25 de octubre, una decisión que llega en plena tormenta política y judicial tras su imputación por un presunto delito de acoso sexual. El movimiento se produce además apenas tres días antes de la moción de censura que habían registrado PSOE y Vox, una coincidencia que acelera el cierre de una etapa marcada por la presión sobre el regidor popular.
La dimisión de Landaluce no solo tiene una lectura personal y judicial, sino también institucional. Su salida desactiva, al menos en parte, el escenario de una votación que podía alterar el gobierno municipal y que colocaba al Ayuntamiento de Algeciras en el centro de una negociación insólita por la alianza entre socialistas y la formación de ultraderecha. La fecha escogida por el alcalde evita que la moción se convierta en el principal mecanismo para apartarlo del cargo, aunque no borra el desgaste acumulado en torno a su figura.
El caso vuelve a poner el foco en el coste político de los procesos judiciales que afectan a cargos públicos, especialmente cuando se trata de denuncias por violencia o acoso sexual. En una ciudad como Algeciras, puerta estratégica entre Europa y África y uno de los municipios más sensibles del sur peninsular por su peso portuario e industrial, la crisis no es menor: afecta a la gobernabilidad local, a la credibilidad del Partido Popular en la plaza y a la imagen de unas instituciones que llegan tarde cuando la polémica ya ha estallado. Lo que ocurra ahora dependerá de cómo se reorganice el poder municipal y de si la oposición logra capitalizar una salida que, en la práctica, también intenta controlar el relato de la crisis.
La renuncia de Landaluce cierra, por ahora, el capítulo más inmediato de un caso que seguirá teniendo recorrido político. Su marcha, en vísperas de una moción que buscaba arrebatarle el bastón de mando, deja una pregunta abierta: si la salida era inevitable, por qué esperar hasta el último momento para hacerla efectiva.




