Mauricio Gaona: la doble nacionalidad de De la Espriella no le cierra la puerta a la Presidencia
Imagen: El Tiempo - Política
La doble nacionalidad de Abelardo de la Espriella no sería, por sí sola, una barrera para aspirar a la Presidencia de Colombia, según el constitucionalista Mauricio Gaona. El jurista además revisó la normativa de Estados Unidos y sostuvo que ese país reconoce la doble ciudadanía sin imponer restricciones.
La discusión sobre si Abelardo de la Espriella podría llegar a la Casa de Nariño pese a tener doble nacionalidad quedó, al menos en el terreno jurídico, bastante despejada: para el constitucionalista Mauricio Gaona, ese hecho no lo inhabilita para aspirar a la Presidencia. Su postura parte de una lectura estricta de la Constitución colombiana, que exige ser colombiano por nacimiento, pero no establece una prohibición automática para quienes conservan otra nacionalidad. En otras palabras, el debate político existe, pero la barrera legal que algunos quieren ver no aparece escrita donde realmente importa: en la norma.
Gaona también llevó el análisis al otro lado de la frontera y revisó la legislación de Estados Unidos, país cuya ciudadanía suele entrar en este tipo de controversias cuando un aspirante colombiano ha tenido vínculos migratorios, familiares o patrimoniales allí. Según su revisión, el sistema estadounidense reconoce la doble nacionalidad sin convertirla en un obstáculo general para el ejercicio de derechos civiles o políticos. Ese punto no es menor, porque buena parte de las acusaciones sobre supuestas inhabilidades se apoyan más en el ruido político que en una interpretación sólida del derecho constitucional comparado.
El asunto importa porque en Colombia la elegibilidad presidencial no se define solo por biografías, sino por la manera en que la Constitución delimita quién puede competir por el cargo más importante del Estado. En un país donde la desconfianza hacia ciertas élites, los vínculos con el exterior y la percepción de “doble lealtad” alimentan campañas de desprestigio, la nacionalidad termina convertida en un arma política. Pero el derecho suele ser menos estridente que la propaganda: si la Carta Magna no prohíbe expresamente la doble ciudadanía, entonces la discusión debería centrarse en si el aspirante cumple con los requisitos formales, no en prejuicios sobre su pasado o sus pasaportes.
La lectura de Gaona también deja una advertencia de fondo para el debate público en Colombia: no toda polémica electoral es una inhabilidad, y no toda sospecha encuentra respaldo constitucional. En elecciones marcadas por la polarización, estas discusiones pueden terminar influyendo en la opinión pública más que en los tribunales. Por eso, más allá del nombre de Abelardo de la Espriella, el caso abre una pregunta de mayor alcance: ¿cuántas veces se usa el argumento de la nacionalidad para intentar resolver, por fuera del debate democrático, una competencia que debería definirse con reglas claras y no con atajos retóricos?




