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Dormir mal sale caro: el insomnio también hunde la productividad empresarial

Hace 2 horas
Dormir mal sale caro: el insomnio también hunde la productividad empresarial

Imagen: El País

Dormir mal no solo pasa factura a la salud: también le cuesta miles de millones a las empresas y deteriora la calidad de las decisiones de quienes mandan. Un estudio citado por El País estima pérdidas de unos 12.000 millones de euros al año por la caída de productividad asociada al insomnio crónico.

Dormir mal ya no es solo un problema personal: es un costo económico directo para las empresas y un riesgo operativo para quienes toman decisiones. La evidencia que recoge El País apunta a una conclusión incómoda para el mundo corporativo: el insomnio crónico no solo reduce el rendimiento de los empleados, también empeora el juicio de los jefes, encarece los errores y debilita la capacidad de responder con rapidez en un entorno cada vez más competitivo. En términos simples, una mala noche puede terminar saliendo carísima en la oficina.

Según la información difundida por El País, la caída de productividad vinculada al insomnio crónico provoca pérdidas de alrededor de 12.000 millones de euros al año. La cifra no es menor si se mira desde la lógica empresarial: menos concentración, más lentitud para resolver problemas, mayor irritabilidad y decisiones más torpes en áreas sensibles como finanzas, gestión de equipos o estrategia comercial. Cuando el descanso falla de manera sostenida, no solo se resiente la persona; se degrada el funcionamiento completo de una organización, especialmente en cargos de alta responsabilidad donde un error se multiplica hacia abajo.

El dato importa porque pone sobre la mesa un asunto que muchas compañías todavía tratan como un tema de hábitos individuales y no como un factor de productividad, salud laboral y gobernanza. En la práctica, los ejecutivos agotados suelen operar con menos criterio, más impulsividad y menor tolerancia al riesgo, lo que puede traducirse en decisiones equivocadas sobre inversiones, despidos o expansión. Para los trabajadores de a pie, el efecto también es tangible: culturas corporativas que premian jornadas interminables y normalizan el mal dormir terminan arrastrando a toda la plantilla a un círculo de fatiga, bajo rendimiento y estrés sostenido. Y eso, en cualquier economía, se paga dos veces: primero en la salud y después en la cuenta de resultados.

La discusión de fondo es más amplia que el sueño en sí. Habla de un modelo de trabajo que durante años confundió disponibilidad con rendimiento y agotamiento con compromiso. Si las empresas quieren proteger su productividad, tendrán que mirar más allá de la tecnología y los incentivos salariales: también deberán revisar horarios, cargas de trabajo y la cultura del presentismo. Porque un jefe que duerme mal no solo rinde menos; también administra peor el futuro de su empresa.

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