Política

Cali y Barranquilla, en la mira por el deterioro de sus aeropuertos

Hace 6 horas

Asocapitales puso sobre la mesa una advertencia incómoda: dos de los aeropuertos más importantes del país, en Cali y Barranquilla, están en riesgo crítico por su deterioro. La alerta llega cuando Colombia necesita más capacidad, no más cuellos de botella, para mover pasajeros y carga.

La advertencia de Asocapitales no es menor: dos terminales aéreas estratégicas para Colombia, las de Cali y Barranquilla, enfrentan un deterioro que ya se perfila como un riesgo crítico para la conectividad regional y para la competitividad de las dos ciudades. La asociación de ciudades capitales ha pedido que el próximo gobierno ponga en el centro una agenda de modernización aeroportuaria, en momentos en que la infraestructura aérea del país comienza a mostrar señales claras de desgaste y rezago frente a las necesidades reales de movilidad, comercio y turismo.

Según informó El Tiempo - Política, la alerta se concentra en aeropuertos que hoy cumplen un papel decisivo no solo para los viajeros, sino también para la operación económica de sus regiones. Cali, puerta de entrada al suroccidente, y Barranquilla, nodo clave del Caribe colombiano, no pueden seguir dependiendo de instalaciones con limitaciones crecientes, fallas acumuladas y una capacidad que ya no parece responder al ritmo de la demanda. La discusión no es técnica únicamente: detrás de cada retraso, cada restricción operativa o cada inversión postergada hay costos para aerolíneas, empresarios, exportadores, turistas y ciudadanos que terminan pagando el precio de la improvisación estatal.

El señalamiento de Asocapitales se inscribe en un problema más amplio que Colombia arrastra desde hace años: la brecha entre el crecimiento de la demanda aérea y la velocidad con la que avanzan las obras de modernización. Mientras las principales ciudades del país buscan posicionarse como polos de inversión y servicios, sus aeropuertos siguen siendo una prueba visible de la lentitud institucional para anticiparse a ese crecimiento. La situación en Cali y Barranquilla debería leerse como una señal de alarma para la próxima administración: no se trata solo de arreglar infraestructura, sino de definir una política seria de movilidad aérea, con inversiones sostenidas, mantenimiento oportuno y decisiones que no lleguen cuando el deterioro ya se volvió emergencia.

Si el gobierno entrante decide ignorar esta alerta, el costo no será abstracto ni lejano. Se traducirá en menos competitividad para las regiones, más congestión para los pasajeros y mayores obstáculos para sectores que dependen de la conexión aérea para sobrevivir y crecer. En un país que habla de desarrollo regional pero frecuentemente posterga sus obras más básicas, el estado de estos aeropuertos funciona como una metáfora incómoda: Colombia no solo necesita más vuelos, también necesita terminales capaces de recibirlos sin que cada aterrizaje sea una prueba de resistencia.

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