Estados Unidos

Keffe D Davis niega otra vez el crimen de Tupac y apuesta por una apelación

Hace 3 horas

Duane “Keffe D” Davis volvió a negar cualquier vínculo con el asesinato de Tupac Shakur y aseguró que no estuvo en Las Vegas la noche del ataque. Además, sostuvo que su condena vulneró sus derechos civiles y que confía en salir libre por la vía de la apelación.

Duane “Keffe D” Davis, el hombre condenado por su presunta vinculación con el asesinato de Tupac Shakur, volvió a insistir en su inocencia y reavivó una de las historias criminales más persistentes de la cultura pop estadounidense. En una entrevista, Davis negó de manera tajante haber participado en el crimen de 1996, afirmó que no estuvo en Las Vegas la noche del ataque y dijo que su caso fue construido sobre una violación de sus derechos civiles. Su apuesta ahora es clara: recuperar la libertad mediante una apelación.

La postura de Davis llega en un momento en que el caso de Tupac sigue generando una mezcla de morbo, memoria cultural y preguntas judiciales sin resolver del todo. Según informó Infobae Estados Unidos, el exintegrante de la calle criminal de Compton insistió en que no tiene responsabilidad en el asesinato del rapero y rechazó ser tratado como el autor intelectual o material del hecho. Su mensaje fue más allá de la negación: convirtió su defensa en una acusación contra el sistema, al sostener que durante el proceso se vulneraron garantías básicas que, a su juicio, debieron protegerlo frente a una condena de esta magnitud.

El trasfondo importa porque el asesinato de Tupac Shakur no es solo un expediente penal; es un capítulo fundacional de la violencia que marcó al rap de la Costa Oeste en los años 90 y uno de los casos más emblemáticos de la relación entre fama, crimen y justicia en Estados Unidos. Que Davis niegue ahora su participación no cambia por sí solo el peso de la condena, pero sí alimenta una batalla narrativa que seguirá en los tribunales y en la opinión pública. En un país donde los juicios de alto perfil suelen convertirse en escenarios de disputa política y mediática, su apelación tendrá que probar algo más que una versión alternativa: deberá convencer a un sistema judicial que ya lo encontró responsable y a una audiencia que lleva casi tres décadas buscando respuestas.

Para la familia de Tupac, para los seguidores del artista y para quienes observan el caso como un símbolo de las grietas del sistema penal estadounidense, la nueva ofensiva de Davis añade otra capa de incertidumbre. Si su apelación prospera o no, el caso seguirá siendo una referencia incómoda sobre cómo se investigan y se juzgan los crímenes que ocurren en la intersección entre poder, cultura y calle. Y aunque Davis diga que no es “un asesino”, el debate de fondo permanece intacto: qué tan sólida fue realmente la versión judicial que terminó sentándolo como responsable en uno de los asesinatos más famosos de Estados Unidos.

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