Washington extiende su tregua comercial con China y abre un frente sobre IA y sanciones a Irán

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Estados Unidos y China extendieron su tregua arancelaria hasta el 10 de enero, una señal de desescalada en plena disputa tecnológica. Scott Bessent también planteó una coordinación inédita sobre inteligencia artificial y endureció el tono contra Irán.
Estados Unidos y China ganaron tiempo en su pulso comercial: el secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó que ambos gobiernos acordaron extender la tregua arancelaria conocida como el acuerdo de Busan, que estaba a punto de expirar el 10 de noviembre. La prórroga se mantendrá hasta el 10 de enero y, en la práctica, evita una nueva escalada entre las dos mayores economías del mundo en un momento en que Washington busca contener riesgos comerciales sin cerrar la puerta a una negociación más amplia con Pekín.
Bessent explicó en entrevista con Fox News que la extensión busca dar margen para seguir conversando sobre la relación económica bilateral y explorar qué espacio existe para nuevos acuerdos. Pero el anuncio no se quedó en el terreno de los aranceles. El funcionario también reveló que la Casa Blanca ha puesto sobre la mesa con China un mecanismo de notificación mutua en inteligencia artificial, una propuesta que refleja hasta qué punto la competencia entre ambas potencias ya no se limita al comercio tradicional, sino que se ha desplazado hacia la tecnología, la seguridad y el control de herramientas con potencial militar y cibernético.
La dimensión estratégica del mensaje es clara: Washington quiere ganar tiempo en la disputa comercial mientras intenta fijar reglas en el campo de la IA, donde Estados Unidos todavía cree tener ventaja frente a China. Según Bessent, Pekín tendría interés en cooperar en ese ámbito, precisamente porque reconoce la distancia tecnológica. Ese tipo de coordinación, si prospera, sería excepcional en un escenario marcado por la desconfianza mutua. Y no es un detalle menor para las empresas, los mercados y los consumidores: una tregua prolongada reduce la presión sobre cadenas de suministro, importaciones y costos, pero no resuelve el choque de fondo entre dos modelos de poder económico y tecnológico.
En paralelo, Bessent endureció el discurso frente a Irán y aseguró que el Tesoro sigue una ofensiva financiera “sin precedentes” para aislar a Teherán. Anticipó que el régimen acabará cediendo por la presión económica, aunque no dio una fecha concreta y habló de escenarios que van desde divisiones internas hasta un eventual levantamiento social. El funcionario también insinuó que las sanciones y la cancelación masiva de vuelos internacionales podrían complicar el retorno de representantes iraníes desde el exterior. En conjunto, el mensaje de Washington es doble: desescalar con China para evitar un choque mayor, pero apretar con fuerza donde cree que todavía puede imponer costos. Esa es hoy la lógica de la política exterior económica de Trump: negociación selectiva, presión máxima y un tablero global cada vez más ligado a la tecnología y a la seguridad nacional.




