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España mira su intimidad: menos satisfacción sexual y una brecha de consentimiento

Hace 10 horas
España mira su intimidad: menos satisfacción sexual y una brecha de consentimiento

Imagen: El País

La nueva encuesta del CIS sobre sexualidad dibuja una España menos satisfecha y más atravesada por relaciones desiguales. Entre los datos más duros: 27,5% de los hombres admite haber pagado por sexo y 28% de las mujeres dice haber sido forzada a prácticas no deseadas.

La sexualidad en España aparece hoy marcada por una paradoja inquietante: hay más conversación pública sobre consentimiento, deseo y relaciones, pero los datos oficiales muestran un panorama menos satisfactorio y más tenso. Según la primera encuesta del CIS sobre este asunto desde 2009, la satisfacción sexual ha caído en los últimos años, mientras emergen cifras que hablan de una brecha de género difícil de ignorar. El dato más llamativo es que el 27,5% de los hombres reconoce haber pagado alguna vez por sexo, una práctica que sigue revelando hasta qué punto el mercado sexual continúa normalizado para una parte importante de la población masculina.

El retrato se vuelve más sombrío cuando se mira el lado femenino. De acuerdo con el sondeo, el 28% de las mujeres afirma haberse visto forzada en alguna ocasión a realizar una práctica sexual no deseada. Esa cifra no solo apunta a experiencias de presión o coerción, sino que obliga a volver sobre una discusión que en teoría ya debería estar superada: la diferencia entre sexo consensuado y sexo impuesto por expectativas, insistencia, poder o miedo. La encuesta del CIS, en ese sentido, no ofrece una fotografía frívola de la intimidad, sino una radiografía social de relaciones todavía atravesadas por asimetrías profundas.

Que el organismo público haya vuelto a medir estos hábitos después de quince años no es un detalle menor. Entre 2009 y hoy ha cambiado el lenguaje social sobre feminismo, educación sexual y violencias machistas, pero los datos sugieren que la transformación cultural no siempre avanza al mismo ritmo que el debate. Por eso importa esta encuesta: porque confirma que el consentimiento sigue siendo una frontera frágil y porque muestra que la satisfacción sexual no depende solo de la frecuencia de las relaciones, sino de su calidad, libertad y reciprocidad. En otras palabras, la sexualidad no mejora solo con más información; mejora cuando hay menos desigualdad, menos presión y más capacidad real de decidir.

Para la política pública, estos resultados deberían ser una llamada de atención. Hablan de educación sexual insuficiente, de persistencia de modelos masculinos ligados al consumo de cuerpos y de mujeres que aún cargan con prácticas impuestas o no deseadas. También interpelan a una sociedad que muchas veces celebra la libertad individual en abstracto, pero evita mirar de frente cómo se ejerce esa libertad en la cama, en la pareja o en los espacios donde el poder pesa más de lo que se admite. Si algo deja claro esta encuesta es que la conversación sobre sexo en España no puede limitarse al deseo: debe incluir consentimiento, desigualdad y salud emocional. Allí está, probablemente, la diferencia entre una sociedad que presume modernidad y una que realmente la practica.

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