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Cali en emergencia: Eder dirige el rescate tras el terremoto y ordena toque de queda

Hace 6 horas

Cali vive horas críticas tras el terremoto y el alcalde Alejandro Eder, instalado en un cuartel de bomberos, coordina un operativo de rescate contrarreloj. La ciudad decretó toque de queda mientras brigadas buscan sobrevivientes entre los escombros de 56 edificios colapsados.

Cali atraviesa uno de sus momentos más delicados en años: tras el terremoto, el alcalde Alejandro Eder se instaló en un cuartel de bomberos para dirigir desde allí la respuesta de emergencia y coordinar, en tiempo real, el puesto unificado de mando. La prioridad absoluta es una sola: encontrar personas con vida entre los escombros antes de que el tiempo juegue en contra. En una ciudad golpeada por la magnitud del desastre, el gobierno local optó por una medida extrema pero comprensible: toque de queda, una decisión que busca ordenar la emergencia, facilitar el trabajo de los rescatistas y reducir riesgos en las zonas más afectadas.

Según informó Clarín Colombia, en Cali ya se reportó el colapso de 56 edificios, y las tareas de búsqueda se concentran de manera especial en ocho estructuras donde todavía habría posibilidades de hallar sobrevivientes. Esa cifra da una idea del nivel de devastación, pero también de la complejidad del operativo: no se trata solo de remover escombros, sino de hacerlo con precisión, velocidad y cuidado para no poner en peligro a las personas atrapadas ni a los equipos que trabajan sin descanso. Desde el puesto unificado de mando, Eder recibió a Clarín en medio de una operación que exige coordinación entre bomberos, organismos de socorro, personal médico y autoridades de seguridad.

Lo que ocurre en Cali no es únicamente una emergencia urbana; es una prueba de capacidad institucional en tiempo real. En este tipo de tragedias, las primeras horas definen el número de vidas que pueden salvarse, y por eso el enfoque de la administración local está puesto en la búsqueda y rescate, no en la reconstrucción ni en el balance político del desastre. El toque de queda, además, apunta a un objetivo práctico: mantener despejadas las calles, evitar desplazamientos innecesarios y permitir que ambulancias, maquinaria pesada y equipos especializados se muevan con mayor rapidez. Para la ciudadanía, la medida implica restricciones, sí, pero también la señal de que las autoridades intentan ganar minutos valiosos en una carrera contra el tiempo.

La escena en Cali deja una lección dura pero conocida en América Latina: cuando la tierra tiembla, la respuesta del Estado se mide en coordinación, transparencia y velocidad. De cómo evolucionen las próximas horas dependerá no solo el número final de víctimas, sino también la lectura que quede sobre la preparación de la ciudad para enfrentar una catástrofe de esta magnitud. Mientras tanto, el país observa una operación en marcha cuyo desenlace sigue abierto, con rescatistas que todavía buscan vida donde apenas quedan ruinas.

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