Farc exponen a De la Espriella y buscan abrir debate sobre la paz
Imagen: El Tiempo - Política
El antiguo secretariado de las extintas Farc abrió una puerta inesperada al enviarle una carta a Abelardo de la Espriella y ofrecerle diálogo sobre la implementación del Acuerdo de Paz. La movida responde a sus críticas contra la JEP y revive una discusión que sigue dividiendo al país.
El antiguo secretariado de las extintas Farc dio un paso político que no pasa inadvertido: le envió una carta a Abelardo de la Espriella y le propuso abrir un diálogo sobre la implementación del Acuerdo de Paz. La movida llega como respuesta a los cuestionamientos que el presidente electo ha hecho contra la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y contra el propio acuerdo, dos piezas que siguen siendo el corazón —y también el principal campo de disputa— del cierre del conflicto armado con esa guerrilla.
Según informó El Tiempo - Política, el documento no se limita a una reacción defensiva frente a las críticas. El excomando insurgente tomó el escenario para contestar punto por punto el debate planteado por De la Espriella y, al mismo tiempo, plantear que la conversación no debería quedarse en el choque político ni en la polarización que suele rodear estos temas. En otras palabras, los exjefes de las Farc buscan mover la discusión desde el terreno del señalamiento hacia el de la implementación, justo cuando el Acuerdo de Paz sigue acumulando avances parciales, incumplimientos y tensiones institucionales.
La carta importa por una razón de fondo: la JEP y el Acuerdo de Paz no son asuntos del pasado, sino instituciones vivas que definen el rumbo de la justicia transicional en Colombia y la manera en que el Estado responde a miles de víctimas. Cualquier cuestionamiento de peso contra esos mecanismos tiene efectos políticos y jurídicos, pero también sociales, porque puede alimentar la desconfianza en el sistema de justicia, reabrir heridas y fortalecer a quienes consideran que el acuerdo fracasó. Al ofrecer diálogo, el antiguo secretariado parece intentar algo más estratégico que la simple réplica: reposicionarse como interlocutor en un momento en que el país vuelve a debatir si el pacto firmado en 2016 debe corregirse, profundizarse o desmontarse.
El gesto también revela un escenario más amplio. En Colombia, el Acuerdo de Paz dejó de ser solo un compromiso entre el Estado y una exguerrilla para convertirse en una prueba de gobernabilidad. Su implementación ha avanzado a ritmos desiguales en seguridad, reincorporación, reforma rural y garantías para las víctimas, mientras la violencia en varias regiones mantiene viva la sensación de que la paz prometida sigue incompleta. Por eso esta carta no es un simple episodio de correspondencia política: es una señal de que la discusión sobre el posconflicto continúa abierta y de que sus protagonistas, antiguos y nuevos, saben que el país todavía no ha resuelto la pregunta más difícil de todas: cómo cerrar la guerra sin desmontar las herramientas que se crearon para hacer justicia y evitar que se repita.




