Cepeda marcó distancia de Petro y puso la corrupción en el centro del debate oficialista
Imagen: El Tiempo - Política
Iván Cepeda puso la corrupción en el centro de su crítica al Gobierno de Gustavo Petro, en una respuesta que marca distancia sin romper con el proyecto político del Pacto Histórico. La declaración llega en plena antesala electoral y refuerza la presión sobre el oficialismo para defender su gestión.
Iván Cepeda, figura clave del Pacto Histórico y uno de los nombres visibles en la carrera política que se mueve de cara a las elecciones del domingo 21 de junio, decidió no esquivar una de las preguntas más incómodas para el petrismo: qué es lo que menos le ha gustado del Gobierno de Gustavo Petro. Su respuesta, según informó El Tiempo - Política en el programa ‘F*ck News’, fue directa y sin rodeos: la corrupción. En un escenario donde el oficialismo suele insistir en que su proyecto representa un cambio frente a las viejas prácticas de la política colombiana, que un dirigente de su propia casa ponga ese tema sobre la mesa no es un detalle menor. Es un mensaje que habla tanto de autocrítica como de la tensión natural entre las promesas de renovación y la realidad del ejercicio del poder.
La declaración de Cepeda se produce en un momento en que el Pacto Histórico busca sostener su relato político mientras enfrenta cuestionamientos por su gestión y por las dificultades para convertir el capital electoral en resultados concretos. Aunque la información base no detalla qué otros asuntos abordó durante su participación en el espacio de conversación, sí deja claro que el candidato aprovechó la coyuntura para responder sobre uno de los puntos más sensibles del Gobierno. Y no es casualidad: en Colombia, la corrupción sigue siendo uno de los factores que más erosiona la confianza ciudadana en cualquier administración, sin importar su signo ideológico. Cuando esa palabra aparece en boca de un aliado político y no de un opositor, el impacto es todavía mayor porque obliga a leer el diagnóstico desde adentro.
El valor político de este tipo de declaraciones está en que rompen la lógica de la defensa automática. Cepeda no parece haber intentado blindar al Ejecutivo con un discurso complaciente, sino marcar un límite frente a una falla estructural que ha golpeado a todos los gobiernos colombianos y que, en el caso de Petro, tiene un costo adicional: el desgaste de haber prometido una ruptura ética con el pasado. En términos electorales, esa sinceridad puede jugar a dos bandas. Por un lado, le permite presentarse como una voz con autonomía y credibilidad; por el otro, expone la fragilidad de un proyecto que todavía carga con la obligación de demostrar que el cambio no era solo retórica. Para el ciudadano de a pie, la discusión no es menor: la corrupción no se mide solo en escándalos mediáticos, sino en obras inconclusas, recursos perdidos y servicios públicos que no llegan donde más se necesitan.
A medida que se acerca la fecha electoral, el episodio deja una señal clara: incluso dentro del oficialismo hay conciencia de que la principal batalla ya no es solo ideológica, sino de confianza. Y en Colombia, cuando la confianza se quiebra, reconstruirla cuesta mucho más que ganar una campaña.



