Cólera aviar explica la muerte masiva de pingüinos en la Antártida

Imagen: infobae mundo
Una expedición internacional determinó que la muerte masiva de pingüinos en la Antártida durante 2024 estuvo asociada a Pasteurella multocida, bacteria vinculada al cólera aviar. El hallazgo surge de necropsias y pruebas de laboratorio hechas en dos islotes del archipiélago donde anidan 1,2 millones de parejas.
Una expedición internacional concluyó que la mortandad masiva de pingüinos registrada en la Antártida en 2024 estuvo asociada a Pasteurella multocida, la bacteria detrás del cólera aviar. El hallazgo, obtenido tras necropsias y análisis de laboratorio sobre ejemplares encontrados en dos islotes del archipiélago antártico, vuelve a poner en el centro de la discusión la fragilidad sanitaria de una de las colonias más grandes del planeta.
De acuerdo con la información divulgada por infobae mundo, los investigadores lograron identificar el agente patógeno luego de examinar los cuerpos de los pingüinos hallados en el terreno y contrastar los resultados con pruebas específicas. El dato no es menor: en esa zona anidan alrededor de 1,2 millones de parejas, una concentración que convierte cualquier brote en una amenaza de escala ecológica, no en un episodio aislado. Cuando una enfermedad entra en un ecosistema tan denso, la propagación puede ser rápida y el impacto, acumulativo.
Este tipo de episodios ayuda a explicar por qué la Antártida ya no puede pensarse como un espacio inmunizado frente a crisis biológicas. El cólera aviar es conocido en otras regiones por afectar aves domésticas y silvestres, pero su detección en colonias de pingüinos remite a una preocupación más amplia: el avance de patógenos sobre fauna expuesta a cambios ambientales, movimientos de especies y condiciones cada vez más inestables. Para la ciencia, el caso abre nuevas preguntas sobre cómo llegó la bacteria, si el brote se mantiene activo y qué riesgos enfrenta el resto de la colonia en próximas temporadas reproductivas.
La alerta también tiene una lectura de fondo: en los polos, donde el seguimiento suele ser más difícil y las ventanas de observación son breves, cada episodio sanitario deja menos margen de reacción. Lo que ocurrió en estos islotes no solo confirma una causa probable para la muerte de los pingüinos; también recuerda que el deterioro de los ecosistemas remotos puede avanzar en silencio hasta que las consecuencias ya son visibles en masa. En un continente asociado por décadas a la idea de aislamiento, la biología está demostrando que las fronteras, para las enfermedades, son mucho más porosas de lo que parecen.




