Política

Golpe militar en Guaviare reaviva la presión contra Iván Mordisco y las disidencias

Hace 7 horas

La ofensiva militar en el Guaviare contra disidencias dejó un saldo de 20 muertos, cinco capturados y dos menores recuperados, y reavivó el pulso contra Iván Mordisco. El mensaje político del presidente Abelardo De La Espriella elevó la presión sobre el jefe guerrillero en un momento de máxima tensión.

La operación militar adelantada en el Guaviare contra las disidencias dejó un resultado de alto impacto: 20 combatientes muertos, cinco capturados y dos menores de edad recuperados, en una acción que volvió a poner a Iván Mordisco en el centro de la presión estatal. El Gobierno, a través de la Operación Azarías, mostró músculo en uno de los territorios más golpeados por la violencia armada, mientras el presidente Abelardo De La Espriella lanzó un mensaje frontal contra el jefe de esa estructura: la persecución sobre su red sigue abierta y no habrá tregua.

De acuerdo con la información difundida sobre el operativo, el bombardeo se dirigió contra un frente disidente en una zona estratégica del sur del país, donde las autoridades vienen rastreando corredores de movilidad, campamentos y puntos de repliegue de estas estructuras. El saldo humano confirma la magnitud de la ofensiva, pero también deja al descubierto una realidad repetida en varias regiones de Colombia: la guerra sigue atrapando a menores de edad dentro de organizaciones armadas ilegales, y la recuperación de dos de ellos vuelve a evidenciar el reclutamiento forzado como una de las heridas más profundas del conflicto.

Más allá del parte militar, el episodio tiene una lectura política inmediata. El mensaje del jefe de Estado no solo busca marcar autoridad frente a Iván Mordisco, sino también enviar una señal de continuidad en la estrategia de persecución contra las disidencias, en momentos en que estos grupos intentan expandirse en zonas rurales con débil presencia institucional. El Guaviare, por su ubicación y por la disputa de economías ilícitas, se ha convertido en un tablero clave para medir la capacidad real del Estado de recuperar control territorial. Cada operación de este tipo no solo altera la correlación de fuerzas en el terreno; también impacta a las comunidades que viven entre retenes, extorsiones, confinamientos y miedo cotidiano.

Lo que sigue dependerá de si esta ofensiva logra desarticular estructuras de mando o si, como ha ocurrido en otras campañas contra grupos armados, el vacío se recompone con nuevos combatientes y una violencia más fragmentada. Para la población civil, la pregunta de fondo no es solo cuántos abatidos deja una operación, sino si después del golpe llegará una presencia estatal sostenida que evite que el territorio vuelva a caer en manos de quienes hacen de la guerra su forma de control.

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