Desempleo en Colombia cayó a su nivel más bajo para junio en ocho años, pero persisten fuertes brechas

Imagen: infobae colombia
Colombia cerró junio con la tasa de desempleo más baja para ese mes en ocho años, impulsada por 706.000 nuevos ocupados frente al año anterior. Pero la mejora no borra las brechas: jóvenes, mujeres y varias regiones siguen rezagados.
Colombia registró en junio la tasa de desempleo más baja para ese mes en los últimos ocho años, un dato que confirma una recuperación del mercado laboral, pero también deja al descubierto una realidad incómoda: la mejoría no se está repartiendo de manera pareja. Según el más reciente informe del Dane, el país sumó 706.000 personas ocupadas frente al mismo periodo del año anterior, un avance importante en términos absolutos, aunque todavía insuficiente para cerrar las brechas estructurales que pesan sobre mujeres, jóvenes y varias regiones. Medellín, una vez más, aparece como la ciudad con los mejores indicadores, lo que refuerza la distancia con otros centros urbanos donde conseguir empleo formal sigue siendo una tarea cuesta arriba.
El resultado de junio es relevante no solo por la cifra en sí, sino por lo que sugiere sobre la dinámica económica del país. Un aumento de esa magnitud en la ocupación suele reflejar mayor actividad en sectores como comercio, servicios, construcción y algunas ramas de la industria, pero también puede estar influido por empleos de menor calidad o informalidad, una discusión que en Colombia nunca pierde vigencia. El Dane no solo reportó una mejora en el número de ocupados, sino que confirmó que el mercado laboral sigue mostrando comportamientos desiguales: mientras unas ciudades consolidan su recuperación, otras continúan atrapadas en niveles altos de desocupación y subempleo. En ese mapa, Medellín sobresale con fuerza, respaldada por una base empresarial más robusta y una oferta laboral más dinámica que la de otras capitales.
El punto de fondo es que una tasa más baja no equivale automáticamente a un mercado laboral sano. Colombia sigue cargando con problemas antiguos: la exclusión de los jóvenes que buscan su primer empleo, la menor participación de las mujeres en condiciones de igualdad y la concentración de oportunidades en unas pocas zonas urbanas. Esa combinación explica por qué las buenas noticias macroeconómicas no siempre se traducen en alivio para los hogares. Para miles de personas, especialmente en ciudades intermedias y periferias urbanas, el desempleo sigue siendo una puerta cerrada o, en el mejor de los casos, una entrada a trabajos precarios. Por eso el dato de junio importa: muestra que el país avanza, sí, pero también que lo hace sobre una base frágil y todavía profundamente desigual.
De cara a los próximos meses, la pregunta no es solo si el desempleo seguirá bajando, sino quiénes se quedarán por fuera de esa mejora. Si el crecimiento del empleo no logra ser más inclusivo, el país podría celebrar una cifra récord mientras mantiene intactas sus fracturas más persistentes. En otras palabras: el mercado laboral colombiano mejora, pero aún no resuelve el problema central que afecta a millones de familias, que no es únicamente trabajar, sino hacerlo con estabilidad, ingresos dignos y en condiciones que permitan salir de la precariedad.




